viernes, 30 de junio de 2017

“LA REVOLUCIÓN ES TAN HUMANA QUE HAY QUE CONCEBIRLA CON AMOR”



Esas palabras que comparto plenamente las dijo Miguel Díaz-Canel[1] en un Congreso de la FEU[2] hace unos pocos años y traen a mi mente la concreción de estas palabras en el día d día del cubano de hoy.
 La Revolución es una obra de amor, surgió de la necesidad de cambios de un pueblo, una sociedad y la voluntad de una vanguardia, pero se concreta en el hacer diario donde el mismo que te dirige y te arenga, te lleva a una madeja de Dédalo de trámites y oficinas por el más banal de los asuntos, que hace más difícil la vida de los seres humanos que habitamos en este archipiélago de eterno verano y grandes contradicciones.
 Estimula escuchar tales cosas de un dirigente de los máximos niveles, contrastando con la mala educación, el burocratismo, los sobornos, pequeños o grandes, los horarios de las oficinas de trámites, tan flexibles como cada uno quiera y el “mal trato”, físico, mental a un pueblo que es Revolución, hizo la Revolución y en su gran mayoría aún cree en ella.
 El ser humano está en el centro de los problemas que confrontamos y sin que predomine un “sálvese el que pueda”, que deslegitimiza las esencias de la Revolución, la gente de a pie habla de ella como el “Estado” cuando cualquier entuerto no sale bien, creando distancia y marcando diferencia.
 Revolución es entrega, ideología es convicción en lo que creo, respeto es lo que cada uno de nosotros espera en esta lucha por la vida que aún quiero seguir llamando “obra de todos” y confianza, es la que aspiro seguir teniendo en el Estado que debe seguir siendo parte de la Revolución.



[1] Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros
[2] Federación de Estudiantes Universitarios

jueves, 29 de junio de 2017

JUAN GUALBERTO GÓMEZ, DEFENSA DE CUBA Y LA INTEGRACIÓN DE SU RAZA.



Juan Gualberto Gómez (1854-1933), es un intelectual negro formado en el adverso ambiente social cubano de estos años, nacido libre de padres esclavos pudo estudiar con el mejor maestro negro de La Habana y luego enviado a estudiar a París, Francia, donde descubre su vocación por el periodismo que comenzó a ejercer en ese país. A su regreso a Cuba en 1878 se une activamente a las luchas por la abolición de la esclavitud, la igualdad racial y la independencia de Cuba, conoce a José Martí y junto a él colabora en los esfuerzo por la libertad de la isla, al tiempo que es un activo defensor de los derechos de los hombres de su raza.
Fundó su primer periódico, “La Fraternidad” (1878) en el que desarrollaba una activa labor de orientación y educación a los negros a quienes exhortaba a educarse y adquirir los conocimientos que hicieran posible ser respetados por la sociedad de su época. El compromiso político con la isla irredenta los llevará a conspirar y apoyar los levantamientos que se producen en 1879 en el oriente del país y que hoy conocemos como la Guerra Chiquita, por lo que es deportado a España.

En Madrid fue jefe de redacción de El Abolicionista y luego de La Tribuna, en cuya dirección reemplazó a su amigo Rafael María de Labras; fue también editorialista y cronista de los diarios El Progreso y El Pueblo, además de corresponsal de varios diarios españoles y europeos.  Compartió con los más destacados periodistas y escritores españoles de su época, sobresaliendo como polemista formidable y temible al decir de los que cruzaron palabras desde la prensa con Juan Gualberto.

Junto a estos esfuerzos Juan Gualberto activa desde su periódico la promoción de los derechos de las personas de su raza en cuya defensa ya trabaja el Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color en Cuba[1] cuya directiva lo elige como presidente el 21 de agosto de 1891.

En 1886 se  había decreta la abolición de la esclavitud en Cuba, la medida beneficio a más de cien mil esclavos que representaban el 32, 4 % de la población, con ello se libera la fuerza de trabajo que ahora se vende por jornales muy precario para poder subsistir y mantener a su familia. Desde sus periódicos habaneros, “La Fraternidad” y “La Igualdad” defendió los derechos de la gente de color.

 Esta fue la tónica del periodismo que hizo Juan Gualberto Gómez desde La Fraternidad, en los escasos dos años en que este circuló en Cuba, defendiendo el derecho de los cubanos a una aspiración de independencia, al tiempo que sostenía la promoción de las aspiraciones de las masas de “color” en el logro de una plena igualdad tras la abolición de la esclavitud en la isla.

 Es esa la razón para sostener que la aparición del periódico La Igualdad, el 7 de abril de 1892, es una continuidad del trabajo iniciado en La Fraternidad, aunque ahora el énfasis estaría dado en lo que él consideraba era muy importante en aquellos momentos y expresado con toda claridad en el artículo “Lo que somos”, de la edición inaugural de La Igualdad, y en el que expresa que su propósito era unir a los cubanos sin distingos de color de la piel, así como de hallar una solución justa a los problemas socioeconómicos de la colonia:

Vamos en busca de la igualdad: blancos, negros y mulatos, todos son iguales para nosotros; y nuestra aspiración consiste en que todos así lo sientan; para que llegue un día en que los habitantes de Cuba se dividan, no por el color de la piel, sino por el concepto que abriguen de las soluciones que se presenten a los problemas políticos, sociales y económicos, que se disputan el predominio en el mundo culto”[2]

Desde La Igualdad se defendían los derechos de la raza de color, porque al decir del propio Juan Gualberto Gómez, esta igualdad no sería posible, si al negro no se le concedían primero los mismos derechos que a los blancos, sino desaparecían primero toda una serie de leyes y ordenanzas racistas que las costumbres habían arraigado en la población.

 Los estudiosos cubanos de hoy hacen mucho énfasis en el valor del periódico La Igualdad para la difusión de las ideas martianas, en la preparación de los cubanos para la lucha por la independencia, pero casi no se habla de la titánica labor de Juan Gualberto desde sus páginas en favor de las reivindicaciones de los negros.

Raquel Mendieta en su ensayo “Agitación política y reivindicación socio-racial: El Directorio Central de las Sociedades de la raza de Color en Cuba” resume esta labor:

 La escuela mixta, como forma de integrar desde la niñez a blancos y negros; la necesidad de una activa participación de los sectores negros en la vida política a través del voto que se le quiere negar; la crisis política de los partidos coloniales -Unión Constitucional  y Liberal Autonomista-, incapacitados para dar soluciones a los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan al país; el derecho de los negros a entrar en los lugares públicos; la necesidad de eliminar los libros diferenciados en el Registro Civil, así como las fórmulas de cortesía en las células personales, o cualquier otro elemento  que tienda a diferenciar, con carácter peyorativo para los negros, a ambas razas; el derecho de existencia de los cabildos de africanos, son algunos de los temas fundamentales que sacará a la palestra  pública Juan Gualberto Gómez[3]

  El periodismo que desarrolla Juan Gualberto Gómez entre 1890 y 1895 se desarrolla básicamente en los periódicos La Fraternidad y La Igualdad, convertidos por él en tribuna de divulgación de las mejores causas de la sociedad cubana: la lucha por la independencia y la reivindicación de los derechos de la raza negra, su palabra apasionada y convincente toma fuerza para luchar desde dentro contra los males de la sociedad colonial y desbrozar el camino a la sociedad cubana soñada por los mejores hijos de este país.



[1] Fundado el 2 de junio de 1887 en La Habana
[2] Citado por Raquel Mendieta en “La Cultura: Lucha de clases y conflicto racial. 1878-1895”
[3] Mendieta, Raquel: Cultura lucha de clases y conflicto racial 1878-1895.  Pág. 4. La Habana, 1989

miércoles, 28 de junio de 2017

EL PROBLEMA RACIAL EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA REPÚBLICA



 Luego del fiasco electoral que en 1908 dejó fuera de las candidaturas a los aspirantes negros de los partidos tradicionales convocados por el gobernador Charles Magoon, durante la segunda intervención de Estados Unidos en Cuba; la población de “color”[1], politizada y organizada, decide presentar sus demandas bajo plataforma propias, para defender sus derechos y sus aspiraciones, en una sociedad empeñada en no visibilizarlos.
 El 7 de agosto de ese año se crea la Agrupación de los Independentistas de Color, para defender los intereses de los negros y de los humildes, aunque muchos sigan insistiendo que fue un error organizarse teniendo en cuenta el color de la piel, si nadie los toma en cuenta y siguen siendo desplazado de las tierras y los trabajos, por los cientos de miles de emigrantes españoles, que llegan a Cuba, era legítimo que reclamaran sus  derechos, que nadie tomaba en cuenta.
 No es una organización con fines racistas, sino para reivindicar los derechos por los que habían peleado durante la guerra de independencia, esperanzados por las prédicas de igualdad que enarbolara el propio José Martí.
 Charles Magoon los aceptó como partido político, tal vez como un modo de acentuar la división de la sociedad cubana, pero no podemos considerar un error que los negros cubanos decidieran organizarse, ellos no fueron los que dividieron a Cuba, a Cuba la dividieron los que desconocieron los derechos de los humildes, entre ellos los negros que eran mayoría en ese status.
 El programa de la Agrupación de los Independentistas de Color era un proyecto de alcance popular, avanzado y abarcador para su época: “(…) acordamos solemnemente fijar nuestra vista en la cordialidad universal, en el amor al progreso de la humanidad, en el bien colectivo de todos los habitantes que integran el territorio de la Patria y, más que todo, el respeto y la construcción mutua que por la ley política y civil debe existir”[2]



[1] Eufemismo que servía y sirve en Cuba para denominar a las personas no blanca, porque “negro” suena “peyorativo” y muchos se apresuran a decir ante esta denominación: “no, yo soy mulato o mulata”, o esto otro de: “negro, pero no tengo bemba, ni pasa”, formas entre muchas que llenarían un tratado sobre los prejuicios raciales, de los que sí estamos lleno.
[2] Serafín Portuondo:”Los independentistas de Color”, pág. 66, citado por Ricardo Riquenes en “Guantánamo en el vórtice de los Independentistas de Color”. Guantánamo, 2007