miércoles, 31 de mayo de 2017

EL AÑO DEL CUERO

Gabriel de la Concepción Valdés, poeta  mestizo, una de las víctimas del "Año del Cuero"


En 1843 llega a Cuba el Capitán General Leopoldo O´Donell quien encontró la colonia de Cuba en medio de un auge económico basado en la explotación intensiva de más de medio millón de esclavos traídos de África que eran la base del enriquecimiento de la oligarquía criolla y los comerciantes peninsulares que hacían su “agosto” exportando fundamentalmente al mercado de los Estados Unidos.
 En medio de aquel período de prosperidad para la Isla de Cuba se hacía cada vez más visible una pequeña burguesía de gente de color libre, muchos de ellos provenientes de otras partes de América, criollos emancipados y de familias negras  creadas en Cuba; eran personas ocupadas en oficios urbanos y agrícolas, destacándose entre ellos los músicos, que  forjaban una música de raíces hibridas que darían lugar a los ritmos cubanos tan famosos en el mundo .
 Para esta sociedad tan polarizada, con cerca de un millón de habitantes, más de la mitad de ellos negros y de ellos la mayoría inmensa esclavos, la disyuntiva estaba dada por el temor a la suspensión de la “trata” de esclavos y con ella el término del enriquecimiento de quienes lucraban con la mano de obra esclava, por eso el país y fundamentalmente la parte occidental de mayor auge económico vivía una “inquietud abolicionista” que hacía temer a estos poderosos por la ocurrencia de una nueva Revolución de Esclavo, como había ocurrido a fines del siglo XVIII en Haití.
 En 1844 se producen algunas sublevaciones de esclavos en Matanzas, entre ellas la del ingenio Triunvirato encabezada por la esclava Carlota que aterrorizó a la oligarquía criolla.
 Surge el rumor de los preparativos de una sublevación de esclavos y la movilización del aparato represivo que se ensañó con más de tres mil personas, en su inmensa mayoría negros muchos de ellos gentes de oficios, intelectuales y oficiales de las milicias de morenos principalmente en La Habana y Matanzas.
 La manera cruel de sacar confesiones a los interrogados, atados a una escalera y azotados, casi hasta morir, marco el año 1844 como el “Año del Cuero”, en realidad el modo represivo de cortar el desarrollo de una pequeña burguesía negra que ya se hacía notar en el occidente del país.
 Para los cubanos marca igualmente el fusilamiento, entre otros que murieron de diversas formas, del poeta mulato Gabriel de la Concepción Valdés, quien hasta su último suspiro proclamó su inocencia.
 La confiscación de bienes de estas personas, la deportación de los no nacidos en la isla y la intimidación a los círculos intelectuales blancos que abrieron sus puertas a personas de color, marcó el terror de una oligarquía criolla que en lo político conspiró por la anexión a los Estados Unidos temerosos de que el gobierno español cediera ante las presiones de Inglaterra para abolir la trata y la esclavitud.

martes, 30 de mayo de 2017

EL TEMA DEL NEGRO EN LA REVOLUCIÓN CUBANA




"Diablitos" de René Portocarrero


 Con el triunfo de la Revolución Cubana el 1ero de enero de 1959 cambiaron muchas cosas en Cuba, llegaba al poder un grupo de revolucionarios dispuestos a liderar los profundos cambios que necesitaba la sociedad, encabezados por el Comandante Fidel Castro.

 La discriminación racial latente en la sociedad pre-revolucionario tenía una profunda raíz clasista dada la pertenencia a los sectores más humildes del pueblo de las mayorías negras y mestizas, agrupadas en sociedades y hermandades que servían más para que continuaran segregados, que para luchar por una igualdad real ya refrendada en la Constitución del 40.

La demagogia populista de los gobiernos burgueses mantenían un coqueteo constante con estos sectores, para obtener sus apoyo electoral y político, en tanto continuaba la segregación, velada o abierta.

 No es de extrañar que en la vanguardia de los trabajadores se destaquen líderes negros de la talla de Jesús Menéndez, Aracelio Iglesia, Lázaro Peña, mano a mano con sus hermanos de causa, fueren del color que fueren. Ellos estuvieron a la vanguardia, los dos primeros asesinados por su radical defensa de los trabajadores y el tercero el líder indiscutible de los obreros cubanos, que acompañó al proceso revolucionario hasta su muerte.

 Es por ello que el líder de la Revolución, Fidel Castro aborda el problema de la discriminación racial desde los primeros días del triunfo y se pronuncia categóricamente:

“Una de las batallas en que es necesario hacer hincapié (…), es porque se acabe la discriminación racial en los centros de trabajo. No debiera ser necesario dictar una Ley para fijar un derecho que se tiene por la simple razón de ser un ser humano y un miembro de la sociedad.

“Nadie se puede considerar de raza pura y mucho menos de raza superior.

“Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que, llenos de pasados resabios, de pasados prejuicios, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura.

Recordando a Martí Fidel dijo

“La virtud, los méritos personales, el heroísmo, la bondad, deben ser la medida del aprecio que se tenga a los hombres y no el pigmento de la piel. El problema no es cambiar el gobierno sino cambiar la esencia de lo que ha sido hasta hoy nuestra política, política colonial.[1]

 Esta política ha sido prioridad de la Revolución que sostiene que la discriminación y los prejuicios raciales son antinacionales, porque atenta contra los derechos de estas personas y se pone en peligro la unidad nacional tan necesaria al proceso revolucionario.

 El problema no fue de política estatal, encaminada desde un primer momento a favorecer a los más humildes, sino de pensar que con una campaña y la proclamación de la igualdad de todos los cubanos, ya se acababa el problema, cuando la realidad social del país ha demostrado que pese a todo, permanecen los prejuicios y la desventaja social de parte de la población negra cubana, en tanto quedaban insatisfacciones que no eran solo materiales sino de esencia espiritual.

 Los duros años a partir de 1991, pusieron de manifiesto estos problemas como arrecife que aflora en la bajamar y afrontarlos requieren honestidad, sentido crítico y un amplio consenso participativo real para completar la obra y lograr la plenitud social de todos y con todos.


[1]Fidel Castro, 1959 citado por Pedro Serviat Rodríguez en “La discriminación y el racismo: lacras del pasado” en Revista Universidad de La Habana, pág. 164, Nº 224, ene-abr, 1985

lunes, 29 de mayo de 2017

¿NARCISO LÓPEZ, UN PATRIÓTA?




Tratar de justificar determinadas actitudes de figuras en la Historia, es tergiversar una realidad que aunque lejana en el tiempo aún repercute en la Cuba de hoy.
 El señor López llegó a Cuba después de abandonar su patria Venezuela, donde militó en las fuerzas colonialistas españolas, tras un breve paso por el ejército monárquico en la península llega a Cuba en 1840 al servicio del Capitán General Gerónimo Valdés, quien le confió la dirección de Matanzas y Trinidad.
 Con la llegada del Capital General O´Donell este destituyó a López de todos sus cargo entrando en contacto con los grupos del centro de las isla, sobre todo Trinidad, preocupados con la posible abolición de la esclavitud en Cuba, fuente de riqueza de la oligarquía criolla, temerosa de que España cediera ante la apremiante exigencia de Inglaterra para abolir la Trata en la colonia española de Cuba.
 La mirada de estos señores, veladores de sus riquezas, amasadas con el sudor y la sangre de millares de esclavos africanos, se vuelven a los Estados Unidos que toleraba un Sur Esclavista al que aspiraban unirse estos “criollos” para no perder esclavos y fortuna.
 Esta es la esencia de la conspiración de antiespañola de la “Mina de la Rosa Cuba” en la que están envuelto López y otros conspiradores de rico linaje criollo, más preocupados del bolsillo que de la identidad naciente y en formación.
 Descubiertos los planes conspirativos Narciso López se exilia en los Estados Unidos contactando en ese país con otros que como él desean cambiar la metrópoli y asegurar el futuro de su clase.
 Así nacieron sus planes conspirativos y sus dos expediciones, plagadas de mercenarios dispuestos a hacer realidad la anexión a los Estados Unidos.
 Sus aventureros planes terminaron con su captura y fusilamiento por el gobierno colonial español en 1851 y su crecimiento a la figura de “patriota” de una isla a la que no quiso libre, sino parte de otro país que la ambicionaba desde su nacimiento como estado.
 La leyenda de López, el anexionista y aventurero, se afinca en la creación del estandarte de nuestra Cuba, la bandera de la estrella solitaria, soñada por él (según Cirilo Villaverde) y diseñada por el noble Miguel Teurbe Tolón.
 Mostrada en Nueva Orleans en la campaña para recaudar fondos para la primera expedición de López y puesta a ondear en Cárdenas por pocas horas, ante la indiferencia de una población que al saber sus favoritismo por el mantenimiento de la esclavitud, le dio la espalda, por lo que tuvo que abandonar la ciudad, era un 19 de mayo y los cubanos en la República instituyeron ese día como el “Día de la bandera”
 Pocos años después los hermanos Agüero en Camagüey murieron por esa bandera, pero lo primero que hicieron al alzarse fue liberar a sus esclavos y hacer causa por Cuba independiente.
 Enarbolando este argumento la Asamblea de Güimaro (abril de 1869) a instancia de los patriotas camagüeyanos, encabezados por Ignacio Agramonte, proponen que la bandera traída por López fuera proclamada como enseña nacional, porque por ella se derramó la primera sangre por la independencia.
 Aceptada la propuesta, la bandera que trajo López se dignificó por el sentido nacional, su convocatoria al sacrificio y la representación de la soberanía por la que lucharon y murieron miles de cubanos en dos cruentas guerras.
¿Era esta la bandera de López?, Sí porque no se le cambio su diseño, no porque no era el apañado pretexto para cambiar de amo. Miles han muerto por ella desde entonces, millones la aceptamos orgullosos como nuestro símbolo, por eso es la bandera que se dieron los cubanos en su búsqueda de la libertad y no el pendón aventurero de un anexionista interesado en perpetuarnos como esclavos.