jueves, 14 de julio de 2022

JOSÉ DE TODOS LOS CUBANOS

La saturaciones suelen ser perniciosas para el entendimiento humano, y más en tiempo como este en que se acude a la constante vuelta alrededor de un mismo tema, para anularlo por cansancio, eso pasa con la historia y en particular con las figuras históricas “molestas” para los que sostienen el pragmático sentido de vivir el momento y lo demás dejárselo al “pasado”. Nuestro José Martí es una sólida figura intelectual, que vivió en el siglo XIX pero que se empeña en seguir vivo en el presente, no tanto para andar de modas, sino para “dejar su visión de vanguardia”, hombre de todos los tiempos y sacudirse de los cliches de tirrios y troyanos que intentan ponerlo de su lado como si ya no estuviera del lado de los justos, por eso es bueno volver a él de la mejor manera, leyendo sus textos, sin sacar las “frases” que puedan molestarnos, dejándolas en contextos y sacando tus propias conclusiones como diría el conocido Taladrid. En mi muro José Martí vuelve a tener un espacio

viernes, 27 de mayo de 2022

MARTÍ, SU ÚLTIMA CARTA

La muy conocida carta inconclusa que José Martí comenzó a escribir el 18 de mayo de 1895 en el Campamento de Dos Ríos ha devenido hoy como su testamento político por la manera resumida en que le escribe a Manuel Mercado, ese amigo mejicano devenido en depositario de sus grandes preocupaciones políticas y sociales. Justo en mayo, el mes hermoso y lluvioso en esta isla tropical, lleno de todas las preocupaciones políticas que le embargan, hace resumen de su pensamiento político en cuanto a los futuros destinos de su isla amada, volverlo a leer crea la sensación de reafirmación de esa contundente escritura, devenida hoy en documento político y actual: Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895: " Sr. Manuel Mercado Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin. Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos. Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros. Y de más me habla el corresponsal del Herald, Eugenio Bryson:-de un sindicato yanqui-que no será-con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte;-incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno. Y de más me habló Bryson,-aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la Revolución,-el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,-y la incapacidad de España para allegar en Cuba o afuera los recursos contra la guerra, que en la vez anterior sólo sacó de Cuba.-Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender éste que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos.-Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México. Por acá yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana. Y México, ¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará,-o yo se lo hallaré.- Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quién la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pero estas cosas son siempre obra de relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle;-alzamos gente a nuestro paso; -siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,-la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros. Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece. Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto que le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es éste y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día! " Hay afectos de tan delicada honestidad...

jueves, 26 de mayo de 2022

LOS ESTUDIOS CULTURALES EN CUBA

“Enfrascado en estudios monográficos, los historiadores a veces destinamos menos tiempo a las demandas del público mayor que exige se les proporcione el conocimiento de sus antecedentes de comunidad activa y creadora, puesto que es el incentivo ético más poderoso para forjar su porvenir” Dra. Olga Portuondo Zúñiga Tenemos más de quinientos años de cultura e historia conformada en ese choque cultural que fue la conquista de nuestras tierras de América, esta isla fue el segundo territorio en que fijó su ambición el “abuelo” hispano, que no venía a quedarse, sino a hacerse rico y luego volver a la tierra que los había despedido pobres y donde soñaban volver cargados de oro. Sueño vano y torpe que se le trocó en desilusión primero, y en conformidad después, la mayoría no volvieron y se quedaron en esta isla, primero como trampolín para ir más lejos a tierra firme y luego para hacer hogar, mezclarse con otros seres humanos y forjar una de las culturas más singulares del nuevo mundo, comenzó entonces y desde entonces la TRASCULTURACIÓN de las que tanto nos habló don Fernando Ortiz y de la que no fuimos conciente, fue a pesar de esos conquistadores y de los sufridos que fueron traídos a la fuerza a lo largo de estos cinco siglos para hacer producir a la más “hermosa tierra que ojos humanos vieron”, según Cristóbal Colón. Hace algunos años me enfrenté como alumno, a un problema no resuelto por la historiografía cubana, la falta de un texto sencillo pero abarcador acerca de la evolución de la historia de la Cultura Cubana, siempre pensé en un Manual, no a la usanza de esos dogmatizados y escolásticos manuales filosóficos de los que padecimos en Cuba, allá por los inquietantes años sesenta y setenta, sino al estilo del escrito por ese gran historiador cubano que es Ramiro Guerra, abarcador de hechos históricos, con análisis profundos de nuestro devenir nacional y del que no pueden prescindir los historiadores cubanos contemporáneo. En Cuba los investigadores y especialista se han dedicado a seguir la huella de las manifestaciones culturales y del arte de manera monográfica, así hemos tenido en la historiografía cubana, libros como “La Música en Cuba” de Alejo Carpentier; “La Selva Oscura” de Rine Leal, dedicada a la historia del teatro; estudios sobre el arte cubano de Jorge Mañach, Adelaida de Juan y Graciella Pogolotti; Salvador Bueno, para la literatura y muchas monografías, ensayos y artículos que han ido perfilando el quehacer cultural de la isla, pero no tenemos una monografía abarcadora de esos estudios estudio. Es un reto y habrá que emprenderlo, sin miedo al juicio, ni parcializaciones ideológicas que traigan más confusión que luz, habrá que poner a cada uno en su lugar y señalar luces y sombras, esa es tarea ardua si queremos que el rico pasado histórico de nuestra patria sea algo más que crónica de antaño o justificaciones de políticos.

martes, 7 de diciembre de 2021

Antonio Maceo: tanta fuerza en la mente como en el brazo

De esa manera lo describe José Martí, como el hombre que tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo, rompiendo el mito reduccionista del sublime guerrero capaz del sacrificio pero sin una formada idea de lo que quiere en esa lucha larga y consagra a la que se entregó su familia desde 1868, cuando acudieron al llamado que les hacía Carlos Manuel de Céspedes para luchar por la libertad de Cuba y la redención de los esclavos. Quienes lo conocieron, blancos y negros, amigos o enemigos, no dejaron de valorar los méritos éticos que acompañaban al mulato oriental, algo tartamudo, fuerte y elegante, educado en la disciplina hogareña de su madre Mariana Grajales, quien no concebía a un hijo suyo menos que los demás, fuera blanco o negro. Así lo describe el coronel Enrique Collazo quien lo conoció en plena guerra: “(…) su figura era atrayente; fornido y bien proporcionado; fisonomía simpática y sonriente, facciones regulares, manos y pies chicos, formando un conjunto que lo destacaba siempre, por numeroso que fuera el grupo que lo rodeaba. Acostumbraba a hablar bajo y despacio; su trato era afable. Talento natural, sin pulir pero unido a una fuerza de voluntad extraordinaria, que le hicieron dominar sus defectos naturales.” Y el historiador Emilio Roig de Leuchsenring resumirá sus virtudes humanas y aportes a la patria: “Maceo era grande, sobre todo, porque el amor a la patria despierta en él sus magnificas cualidades latentes de combatiente, de organizador y de jefe, y porque las consagra enteras, sin desmayo, a la causa revolucionaria.” Fue enemigo de las intrigas políticas, adversario franco y caballero para la valoración de los seres humanos, así queda expresado en la carta que dirige al periodista Enrique Trujillo quien trata de enemistar a Maceo con José Martí, queriendo aprovechar las diferencias tácticas que ambos sostenía en cuanto al modo de organizar la nueva revolución independentista. Así responde Maceo al intrigante desde Costa Rica, el 22 de agosto de 1894. “Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que no debe abrigar un corazón honrado, que dañan, sin Ud. pensarlo, la elevación del espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa de la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y antipatriótica. No parece suyo el contenido de esa carta. ¿Qué diablo le atormenta cuando la escribió? “En ninguna época de mi vida he servido de banderín político de convenciones personales; solo me ha guiado el amor puro y sincero que profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro pueblo infeliz. Cualquiera que sea el personal que dirija la obra común hacia nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la sublimidad del sacrificio honrado que se imponga. (…)Estoy y estaré con la revolución por principio, por deber. (…)¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la patria? (…) La guerra que Ud. hace al Sr. Martí es un crimen de lesa patria…” A pesar de las diferencias de criterios sobre determinados temas en la forma de organizar la guerra, Maceo y Martí coincidieron en la necesidad de la unidad, la entrega y lealtad a la causa que defendían, así lo hicieron en la etapa de organización de la guerra y se atuvieron a ella durante la contienda bélica. De la claridad de su pensamiento político deja Maceo muchas pruebas a lo largo de su actuar en las luchas por la independencia, Baraguá, había sido el ejemplo claro de que era el representante de las ideas más radicales en estas luchas y así lo ratifica en carta a los Delegados de la Asamblea Constituyente de Jimaguayú, el 30 de septiembre de 1895: “Permitidme, pues, ciudadanos Representantes, que os haga presente la expresión de agradecimiento que me anima con vosotros, motivado por el honor que me habéis discernido al concederme el nombramiento de Lugar Teniente General del Ejército Libertador. Y al aceptar cargo tan honroso como éste, que aumenta la responsabilidad que tengo contraída ante mis compatriotas, permitidme también que os reitere la protesta y obediencia a las leyes que emanan de la voluntad popular (…) Fundemos la República sobre la base inconmovible de la igualdad ante la ley. Yo deseo vivamente que ningún derecho o deber, título, empleo o grado alguno exista en la República de Cuba como propiedad exclusiva de un hombre, creada especialmente para él e inaccesible por consiguiente a la totalidad de los cubanos…” Principios luego olvidados en la República cuando los derechos de los humildes fueron ignorados por la clase oligárquica que traicionó los ideales de Maceo y Martí. El 27 de enero de 1896 Antonio Maceo escribe al periódico estadounidense “The Star” y le expresa: “En primer lugar me dice Ud. Que en los Estados Unidos creen que había una división en el ejército cubano; que entre el General en Jefe y yo existía mala inteligencia; y que mi ejército, para usar los términos empleados por los españoles, fue abandonado por el general Gómez y lanzado a la provincia de Pinar del Río para que cayese en una trampa. Semejantes afirmaciones son tan ridículas, que ninguna persona seria puede tomarla en consideración, pero hay otras muchas entre nuestros amigos más sinceros y correligionario, que son bastante cándidos para creer que el rumor tenía algún fundamento. “En primer lugar, no puede existir semejante desavenencia, división o como quiera usted llamarla, entre el general Gómez y yo. Él es el General en Jefe y sus leyes son como leyes acatadas por mí. Yo solo soy Teniente General del Ejército y en todos los tiempos y en cualquier lugar y todas las razones, estoy sujeto a sus órdenes. Nuestro ejército no está compuesto de gentuza en que el hombre que más grita es el Jefe, sino que está organizado bajo el plan de una fuerza militar moderna, en que el orden y la disciplina se sostienen y los superiores son respetados. Pero, aparte de las reglas de la disciplina militar, no hay un soldado del ejército cubano que por un instante desobedezca las órdenes del general Máximo Gómez. Todo el ejército confía implícitamente en su patriotismo y en su habilidad militar. Nosotros los que le hemos conocido y seguido en otras guerras, estamos convencidos de nuestra comparativa pequeñez para dudar de su sabiduría y actitud.” Estaba conciente de las intenciones anexionista de los Estados Unidos y de la clase aristocrática cubana, por ello siempre rechazó esa posibilidad y dejó siempre bien claro su posición: “Los americanos y los españoles podrán concertar los pactos que quieran, pero Cuba es libre dentro de breve término y puede reírse de negociaciones que no favorezcan su emancipación.”(12 de junio de 1896) “De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejecutarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.” (14 de julio de 1896). Esas eran las ideas claras de Mayor General Antonio Maceo. Digno hijo de Santiago de Cuba, surgido de la humilde cuna de una familia campesina, numerosa y negra, consagrada a Cuba y al logro de una patria no solo libre en lo político, sino basada en la igualdad de derechos de todos sus hijos.

jueves, 25 de noviembre de 2021

27 de Noviembre, el desvelo de Fermín Valdés Domínguez (2)

El 27 de noviembre de 1871 se produjo en La Habana, el abominable crimen de fusilar a ocho estudiantes de medicina por el único delito de ser cubanos, a modo de escarmiento contra la creciente simpatía de los habaneros con el movimiento emancipador que desde el 10 de octubre de 1868 iba creciendo en toda la isla. Pero este hecho hubiese sido una felonía más del colonialismo español en Cuba, si la perseverancia de uno de los implicados, alumno de la clase de primer año de medicina, Fermín Valdés Domínguez, no hubiera convertido este suceso en la “causa de su vida”´: demostrar que ellos eran inocente, que no habían cometido ningún crimen y que su inocencia era razón suficiente para convertirlo en los héroes que no olvidamos. Aquel acontecimiento marcó la vida de al joven Fermín, que se trazó el firme propósito de denunciar el crimen, demostrar la inocencia de sus condiscípulos y rendirle el tributo que merecían como mártires de la patria. Condenado a seis años de prisión junto al resto de los estudiantes, son encerrados en la Real Cárcel de La Habana hasta su indulto y posterior deportación a España donde terminó sus estudios de medicina, regresando a Cuba en 1876. La llegada a La Habana en enero de 1887 de Fernando de Castañón, hijo del reaccionario periodista español Gonzalo de Castañón, muerto en Cayo Hueso en duelo con un cubano, fue aprovechada por Fermín Valdés Domínguez para tratar de reivindicar la inocencia de sus compañeros fusilados en 1871 y acusados de profanar la tumba de dicho personaje. Aquellos jóvenes aún permanecían en una fosa común en las afueras del cementerio de Colón, llevando el baldón de la calumnia, sin que se le hubiera hecho justicia. Esta era la intención de Fermín Valdés Domínguez, condiscípulo de los jóvenes mártires, juzgado él también con el resto de la clase de primer año, quien no había olvidado el agravio y se disponía a enmendar el “error político” que le costó la vida a sus hermanos: “Señor Castañón: No en nombre de los que como yo sobrevivimos a los sucesos del 27 de noviembre de 1871, sino en memoria de mis compañeros muertos, vengo a suplicarle que tenga la bondad de darme una carta en donde conste que ha encontrado Ud. sano el cristal y sana la lápida que cubre el nicho de su señor padre, desmintiendo este hecho el estigma de profanadores que llevó a la muerte a niños inocentes” La respuesta de Castañón confirma lo que ya había dicho oralmente a Fermín cuando este se personó en el cementerio Espada con la misma petición, que no se observan ni en el cristal ni en la lápida, signo de violencia y que hacía esta declaración no para hacer de ella tema de lucha política, sino para reparar un hecho que pertenecía a la historia. Con estas declaraciones en sus manos Fermín solicita al periódico La Lucha (19 de enero de 1887), la publicación de los testimonios de Fernando Castañón y del periodista José F. Triay , en el que afirman que la tumba de Gonzalo de Castañón no había sido profanada y por consiguiente los jóvenes eran inocentes. Tras esta publicación Fermín promueve entre los habaneros la idea de levantar una tumba digna de los jóvenes fusilados que recuerde el vil acontecimiento en el que ocho inocentes perdieron la vida.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

27 DE NOVIEMBRE, 150 ANIVERSARIO (1)

Para los cubanos el fusilamiento de los estudiantes de medicina de la universidad de La Habana, el 27 de noviembre de 1871, es un hecho de los más viles que se cometieron en la Cuba Colonial, por su ensañamiento con los discípulos del primer año de medicina acusados de profanación de la tumba del periodista español Gonzalo de Castañón, hecho que no se probó judicialmente y que devino en una vendetta política contra los cubanos al hacerse un doble juicio por la insatisfacción del Cuerpo de Voluntario de La Habana que querían “sangre”, como único modo de vengar la afrenta. Los tristemente célebres “rayadillos”, nombre con el que los conoció el pueblo cubano, dominaban prácticamente la ciudad y no se contentaron hasta que lograran que ocho de aquellos muchachos fueran fusilados por delitos que no cometieron. Uno de aquellos estudiantes fue Fermín Valdés Domínguez que fue encarcelado por aquellos acontecimientos y al ser indultado y deportado en 1872 a España, escribió su testimonio del hecho que publicó en la propia metrópoli española y circuló en Madrid en los primeros meses de 1873, eran 148 páginas que aparecieron bajo el título de “Los voluntarios en La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de medicina”, revisado y prologado por su amigo José Martí quien a modo de prólogo agregó un poema suyo dedicado a los estudiantes de medicina muertos en 1871. .

jueves, 30 de septiembre de 2021

EL MAESTRO DE JOSÉ MARTÍ

A propósito del bicentenario de Rafael María de Mendive Daumy, el próximo 23 de octubre. En la vida de todo gran hombre siempre hay un maestro que influye e incide en la actitud de este en la sociedad en la que le toca desarrollarse, unas veces ese maestro queda en las sombras pero su prédica y su ejemplo de vida fluyen en su discípulo aún cuando este lo supere en la tarea de llevar adelante ideas de las cuales tuvo una primera noción con ese maestro. Ese fue el caso de Rafael María de Mendive, un intelectual cubano de sólida formación cultural, a su colegio llega en 1865 un jovencito de clara inteligencia, sed de aprender y dotes naturales para la poesía, era José Julián Martí Pérez, mente despierta en años de inquietudes, que admiró en su maestro su entrega a la enseñanza, sus dotes poéticas y la pasión por Cuba y su cultura. Cuánta inteligencia vio en el discípulo, que terminando el séptimo grado convence a su padre para presentar a su alumno a exámenes de suficiencia con vista a matricular la Segunda Enseñanza, aprobó, y su joven alumno matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana en 1866. Al año siguiente su maestro crea el Colegio San Pablo de Segunda Enseñanza e incorpora al joven Martí de forma gratuita al alumnado de dicho centro. En octubre de 1868 al iniciarse la guerra por la independencia en Cuba, el colegio de Mendive se convierte en un hervidero de simpatizantes de la independencia y el maestro en sus tertulias mantenían informado a sus discípulos sobre la marcha de la guerra, argumentaba el derecho de Cuba para ser libre y nunca ocultó sus simpatías por la Revolución que se desarrollaba en Cuba. Él, como ninguno, influyó decisivamente en la formación ideológica de José Martí, influyó en su rigurosa formación humanística, con esa visión de universalidad y pertenencia que lo hicieron al mismo tiempo, el forjador de la unidad de los cubanos para continuar la lucha por la independencia y el impulsor de la unidad latinoamericana para enfrentar los peligros latentes entonces, consumados hoy, de las ambiciones del capitalismo norteamericano sobre nuestra región. El fustigador de dictadores, el partidario del ser humano y sus posibilidades de desarrollo espiritual y el hombre de sensibilidad poética tal que integra los versos a sus ideales, sin perder ni belleza, ni convicción en lo que dice y escribe.

jueves, 23 de septiembre de 2021

“VIVÍ EN EL MONSTRUO Y LE CONOZCO LAS ENTRAÑAS”

Esta rotunda afirmación escrita por José Martí el 18 de mayo de 1895 a su amigo mexicano Manuel Mercado, en memorable carta que parece estar escrita para todos los latinoamericanos, define sus preocupaciones políticas en cuanto a las intenciones geopolíticas de los Estados Unidos con respecto a este continente nuestro, tan rico y tan mal distribuido entre su gente. Desde su llegada a los Estados Unidos, 3 de enero de 1880, José Martí enfrenta en su conciencia sentimientos encontrados con respecto a esta nación joven e impetuosa en la que ya asoman los rasgos de ambiciones e individualismo que la colocarán en breve tiempo histórico, como la potencia hegemónica en el ámbito mundial. El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue impactante, y lo refleja en uno de sus primeros artículos escritos para el periódico The Hour , “Impresiones de América” en el que expresa: “Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño” , idea que lo admira y entusiasma por lo que de libertad y creación tiene, poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: “(...) este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos” Radicado en Nueva York, vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión salvaje y a cualquier costo hacia el oeste, las riadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformaciones del país, las luchas de los obreros, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, acontecimientos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital, es una constancia dialéctica de su maduración. En los Estados Unidos Martí conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista, reflejado en la prensa de ese país y en el discurso fanfarrón y agresivo de sus políticos; advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina, haciendo de estas advertencia el sentido de su labor política. Su estudio del fenómeno imperialista que está en desarrollo en los Estados Unidos, lo llevan a la constante recordatoria de las consecuencias que para los pueblos de “Nuestra América” tenía el auge económico del país del norte, necesitado de expandir mercados que sus clases dominantes veían en esos países pobres al sur de sus fronteras. Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte. Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia: - La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos. - El desarrollo cultural y económico de Nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte. - La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado. - La esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de ser bueno. Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenida en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra intelectual y de vida.

jueves, 12 de agosto de 2021

A FIDEL, POR SU EJEMPLO DE VIDA

 

Cuando yo era un niño, allá por los lejanos 60s, los cubanos no conocíamos la fecha de nacimiento de Fidel, y llegaba agosto con todo el calor y no eran tiempos de cumpleaños; en aquellos días germinales no pasaba un mes sin que ocurriera algo nuevo que asombraba al pueblo y nos jugábamos la vida por ser distintos.

 En ese entonces, Fidel nos parecía eternamente el mismo barbudo de la Sierra, incansable con sus largas zancadas y kilométricos discursos en los que hoy nos asomamos para comprender que en esos días, a más de resolver la cotidianidad, se estaba asomando al futuro y en muchas ocasiones quiso acelerar su construcción. Desde entonces era una costumbre que si pasaba algo trascendente en política o en nuestra vida de pueblo, esperábamos a ver qué dice Fidel.

 El líder… “es aquella persona capaz de inspirar y guiar a individuos o grupos.  El líder es el modelo para todo el grupo. No debe ser de ningún modo un caudillo, un cabecilla, el líder no adopta algunos valores negativos de estos, es mucho más.

“El líder es sencillo, veraz, capaz de trabajar en grupo, capaz de expresar libremente sus ideas, capaz de luchar por sus principios, tiene buenas relaciones humanas, piensa con estrategia, etc.”[1]

  Recuerdo muy bien cuando murió el Che y allá en la Plaza de la Revolución, increíblemente silenciosa, nos dijo a todos y principalmente a los que entonces éramos adolescente, que Ernesto Guevara era el modelo de hombre y revolucionario al que debíamos aspirar,… y soñamos y quisimos ser como el Che.

 También vienen a mi memoria aquellos tristes días de 1970, en medio de un inmenso campo de cañas de azúcar, un grupo de adolescentes lloramos inconsolablemente, cuando desde la radio Fidel nos decía que no se podrían hacer los diez millones de toneladas de azúcar, por la que tantos sacrificios habíamos hecho,… y luego del silencio, él mismo nos dijo que había que convertir el revés en victoria.

 Ese es Fidel, leyenda para los que desde lejos supieron de su coraje, inteligencia y virtudes; y para nosotros los cubanos, los que hemos crecido con sus decisiones, rectificaciones, victorias y errores: el invicto hombre conductor de pueblo, síntesis de su coraje, voz de sus aspiraciones y escudo moral de sus virtudes.

 “Porque la vida de Fidel trasciende a su persona individual. El nombre de Fidel condensa las aspiraciones, las resistencias y los sueños rebeldes de numerosos pueblos, no sólo del cubano, contra el capitalismo, el imperialismo y el neoliberalismo. Si el Che Guevara es el símbolo mundial de la rebeldía juvenil, su amigo y compañero Fidel representa la máxima expresión de las rebeliones antiimperialistas y socialistas del Tercer Mundo. Por eso es tan despreciado por los poderosos del planeta, sus monopolios de (in)comunicación y la CIA, incluyendo en esta fauna atroz a los extremistas millonarios de Miami que hoy quieren, mezquinamente, ocupar el centro de la escena mediática con su prédica de odio, resentimiento y muerte.” [2]

¡Qué bueno que está de nuevo ahí,  firme en sus ideas, dando el ejemplo, ahora inmortal, pero vivo en su obra, su ejemplo y sus convicciones, seguimos soñando, fieles a su obra!

 




[1] C. Flores, “El líder”. Monografía. http://www.monografias.com/trabajos72

[2] Néstor Kohan, “Y después de Fidel qué?, Argentinas, 1/8/2006

 

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martes, 10 de agosto de 2021

EN UN INVIERNO DE ANGUSTIA

 


 

 Hace 130 años, en agosto de 1891, nuestro José Martí publicó en Nueva York el poemario más conocido, ese  que repetimos adultos y niños en nuestra bella isla y que resume su posición ante muchas problemáticas sociales y que hoy lo han puesto en ese lugar en el que quiso estar: "No me pongan en los oscuro/ a morir como un traidor/ yo soy bueno y como bueno/ moriré de cara al sol"; ese entre muchos otros que resumen un apostolado que los cubanos hemos hecho nuestro y que van acompañado de un prólogo en el que nuestro Martí explica cómo nacieron esos versos, en medio de "aquel invierno de angustia" cuando representaba al Uruguay en la Conferencia Monetaria convocada por el gobierno yanqui y al que se opuso con "verbo" y "alma", porque sabía como nadie las verdaderas intenciones de aquella oligarquía  deseosa de  convertir a "Nuestra América" en su patio trasero y lugar de influencias de su poderosa maquinaria política y económica

 Eran los "Versos Sencillos", su confesión de fe cubana y de apego a los humildes de la tierra, los mismos que en la década del 60 del siglo XX dieron la vuelta al mundo en  voz de cientos de cantores con la tonada inmortal de "La Guantanamera"  de Joseito Fernández y que hoy es proclama e himno de las nobles causas de los "pobres de la tierra".

jueves, 5 de agosto de 2021

JOSÉ MARTÍ, CRONISTA DEPORTIVO

 

Se mueven por estos días en los diversos medios de comunicación noticias referidas a los Juegos Olímpicos, que en su versión 32 ocupan por segunda vez la capital de Japón, es por eso que traigo a colación las impresiones de nuestro José Martí sobre el deporte de su época en atinados comentarios sobre las actividades deportivas que conoció durante su estancia en la ciudad de Nueva York.

  Se entrega al periodismo fecundo en estos último quince años de su vida, sus crónicas serán la palabra advertidora, la admiración comedida, la sentencia atinada, la propuesta novedosa o la utopía que hoy asombra y el deporte no faltó en sus crónicas.

  A los dueños de periódicos, en Venezuela, Argentina, México o en otras ciudades de Hispanoamérica y los Estados Unidos, aquella audacia de palabras con criterios nuevos y juicios certeros, sonó muchas veces exagerados y pidieron mesura al cronista de 120 from Street[1], ese que hizo de vigía atento y alerta que marca el rumbo, aunque aquellos intelectuales encandilados por el gran “progreso de los Estados Unidos”, quería oír más sobre los avances vertiginosos que añoraban, que del precio social que debían pagar por ello.

  Asombra su mirada sobre el mundo lúdico que el capitalismo norteamericano potencia en la enorme Babel de Hierro, los nacientes espectáculos semi-deportivos en el que la competencia por el dinero vuelve brutal el esfuerzo de los pugilistas a puños descubiertos y pocas reglas, en tanto los “caminadores” corren hasta desfallecer día y noche, ante un público que recuerda al cronista la barbarie del circo romano. Más allá su mirada enjuicia el deporte universitario, serio en principio y nacido por la necesidad del desarrollo físico del estudiante, razones que el cronista aplaude, pero se preocupa ante el crudo antagonismo, la compulsión desmedida al triunfo y las ganancias en dinero de aquellos jóvenes, que en muchos casos abandonan su futuro profesional por la renta de sus músculos y habilidades en los equipos profesionales de béisbol, fútbol americano y en otras competiciones ya organizadas en los Estados Unidos.

  Mientras en Europa Pierre de Courbetin intenta hacer renacer los Juegos Olímpicos e impulsa el desarrollo de la ejercitación física y los deportes en colegios y universidades, como fin de hacer crecer sana a la juventud, alejada de los vicios y apoyada en los nobles ideales de los antiguos griegos, que tenían como lo más importante la competencia para mostrar las habilidades, triunfar para la gloria de sus polis, por una corona de laurel o una rama de olivo.

 En Nueva York José Martí echa de menos los nobles fines del deporte clásico y lo compara con las rudas luchas que ve en las ciudades norteamericanas, movidas por las apuestas y el brillo de la recompensa en metálico al cruel vencedor.

  Duro es su juicio a estas prácticas deportivas, degeneradas y ásperas, unas por lo brutal y desmedido, otras por alentar de las apuestas, ruina de los humildes y fuente de ingresos de los apostadores profesionales. Esa no es la competición que él desea.

  Los ejercicios físicos y la práctica del deporte ennoblecen y benefician al ser humano, el comparte esas ideas y en medio de su desaprobación, enaltece el juego como actividad humana primordial y nos recuerda que los antiguos pueblos, aquí o allá siempre han tenido costumbres lúdicas para que muestre el humano cuan hábil es, que preparado está para defender a los suyos o para honrar a dioses y antepasados en ceremonias que los glorifica por su manera de ser el más fuerte, el más ágil, el más hábil.

  Él también quiere un ser humano de “mente sana en cuerpo sano” y no se limita a decirnos que en los Estados Unidos el juego es un modo de distracción y que en Nueva York, los días de asueto y feria, se ve en cada esquina a un grupo que juega a la pelota, como ya él llama al béisbol, o la  “pelota de pie”(fútbol americano), o a la “pelota de césped”(tennis); ve las muchedumbres en domingo buscando trenes y vapores para ir a la playa o al campo y vuelve a observar el juego de los niños y adultos, disfrutando al aire libre como pueden, y la mirada se le va detrás de los yates de orgullosas velas o con los remeros veloces y titánicos que entrena para las regatas con los colegios rivales.

 Ve con asombro y simpatía a las muchachas de un colegio de avanzada, ocuparse no solo de las industrias domésticas, sino del ejercicio del cuerpo en caminatas gratificantes por la naturaleza o con los remos, buscando, como sus pares masculinos, que la salud llegue al mismo tiempo que la sabiduría.

  Este es el cronista deportivo que pocos conocen en nuestra Cuba, el hombre al que nada humano le fue ajeno y al que cada esfuerzo y triunfo de cubano, glorifica por lo que él significa para nosotros.

 



[1] Dirección de su Oficina en Nueva York

martes, 3 de agosto de 2021

 

                                             JOSÉ MARTÍ, AUTOR KAMIL BILLAUDY

“…Y MI HONDA ES LA DE DAVID”

  En medio de una emergencia sanitaria, como la que estamos viviendo en bueno recordar que en este año 2021 se cumplen 130 años de aquella “Conferencia Monetaria” convocada por los Estados Unidos de América en agosto de  1891, convite de “lobo” y “ovejas” en el que estaba en juego la propuesta de la nación norteña para crear una unión monetaria que por supuesto convenía mucho más a la burguesía yanqui que a sus vecinos latinoamericanos.

 El gobierno de Uruguay nombró como su representante en dicho conclave al cubano José Martí, por entonces Cónsul de Uruguay en los Estados Unidos, quien no fue un “Convidado de piedra” en dicha conferencia, sino un agudo crítico a las intenciones del gobierno norteamericano, he aquí, íntegra y vigente, su misiva al Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, sobre su actuación en esta Conferencia Monetaria Internacional:

 Consulado General del Uruguay

New York, 20 de agosto de 1891

A.     S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de la República Oriental del Uruguay,

doctor Don Manuel Herrero y Espinosa.

Señor Ministro:

                      Cúmpleme hoy, al remitir a V. E. el Libro de Actas de la Conferencia Monetaria Internacional Americana, dar cuenta a V. E. del desempeño del cargo de Delegado de la República ante la Conferencia, con que se sirvió el Superior Gobierno honrarme, y el cual recibí con ilimitado

agradecimiento, y la determinación de servir en él a la República con el cuidado y afecto de un hijo.

Las actas relatan, mejor que pudiera este sucinto informe, la parte que cupo a la República del Uruguay en las deliberaciones de la Conferencia, y la acción continua que en ella fue dado ejercer a su Delegado, en acuerdo estricto con las instrucciones del Superior Gobierno, y con lo que imponen a un observador vigilante los intereses patentes de nuestros países americanos.

 El reconocimiento justo y sereno de las hermosas conquistas materiales que con la ayuda incesante de la energía universal inmigradora han realizado los Estados Unidos de América, el estudio íntimo y desapasionado, sin recelo y sin deslumbramiento, de la Organización política del Norte, en que la publicidad y la frecuencia del turno salvan el régimen republicano de la mayor parte de sus propios vicios y degeneraciones, y el esmero con que el representante de una nación, siquiera sea en puesto humilde, ha de cultivar, con sinceridad cordial y expresa la simpatía del país en que ejerce sus funciones, no podían confundirse, en la mente del Delegado, a la hora de prueba de la Conferencia, con la necesidad por ningún modo útil, ni oportuna, de seguir precipitadamente, en los asuntos de la Conferencia Monetaria, una iniciativa que pudiera, en tiempos de delicadas relaciones, atraer sobre la República la animadversión de sus contratantes habituales, o entrabar, por obligaciones no compensadas, los tratos futuros del Superior Gobierno, y los individuales de los ciudadanos, con los países que demuestran de hecho su fe en el progreso del Uruguay, y consumen sus frutos.

 Con ese espíritu fortalecido por las instrucciones de V. E. y la aquiescencia de las Delegaciones en ellas señaladas, entró el Delegado del Uruguay a participar de los debates de la Conferencia, que dio puesto a la República en la Comisión de Credenciales. Ese espíritu mantuvo el Delegado desde las primeras sesiones, con el apoyo visible de la mayoría de la Conferencia. Y en él hubo de afirmarse al oír las proposiciones de la Delegación misma de los Estados Unidos, la cual en nombre del país que había provocado la reunión de la Conferencia, declaraba a ésta inoportuna e inmadura, y reconocía la nulidad de todo esfuerzo de unión monetaria entre los pueblos Americanos con el predominio o fijeza de la plata por mira, si no se contaba con el asentimiento de los mercados regulares de Europa.

 Cupo a la República del Uruguay el honor de formar parte de la Comisión encargada de informar sobre las proposiciones de los Estados Unidos, y de ser elegida por los miembros de la Comisión para preparar el informe que, unánimemente aprobado por los cinco miembros, aparece en las actas, de fojas 43 a 50.[1]

 Suscitado con tesón, al debatir el informe, en frente de los deseos expresos del mismo gobierno invitante, el plan inútil para todo fin visible, ,de mantener en permanencia la Conferencia que sus propios promotores, y la comisión unánime de informe, declaraban fuera de ocasión y lugar, mantuvo el Uruguay, con poca compañía al principio, y al fin con el voto unánime de la Conferencia, que debían declararse terminados como se declararon, los trabajos de la Conferencia Monetaria Internacional Americana.

 Cree, Excmo. Señor, el Delegado del Uruguay, haber obrado en acuerdo con las instrucciones del Superior Gobierno, y los intereses de la República, y de los pueblos Americanos; y tendría a honor singular que su gestión hubiese merecido la aprobación del Superior Gobierno, que se sirvió hacer recaer en él esta distinción inmerecida e inolvidable.

 Tengo la honra de saludar a V. E. con mi más alta y respetuosa consideración.

 

José Martí



[1] Reproducida en el Tomo VI de la Obras Completas de José Martí. Págs. 149 a 154

 

 

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