jueves, 28 de febrero de 2019

SUEÑO LATINOAMERICANO DE JOSÉ MARTÍ




En el centenario de Simón Bolívar José Martí expresó que El Libertador tenía mucho que hacer en América y que la obra que él había dejado inconclusa, sin terminar estaba, valoró la ecuménica hazaña del venezolano, que emprendió la guerra de liberación de Suramérica, no para hacer una monarquía o para feudo de una oligarquía criolla sino para hacer una familia de pueblos unida donde el bienestar fuera la condición mínima del hombre para su desarrollo.

 Cien años después otro latinoamericano, esta vez nacido en Las Antillas, en nuestra Cuba, colonia española y con las mayores inversiones de los Estados Unidos fuera de su territorio ya en esta época; defiende el derecho de su isla a la libertad absoluta, ya fuere de España o de cualquier otra potencia y vislumbra los males que traerá a Nuestra América el fortalecimiento del capitalismo ya en su fase embrionaria de imperialismo.

 Su obra no fue adivinación de iluminado, sino conclusiones de un reformador social, objetivo para los asuntos de política, soñador para los cambios que quería para nuestras tierras.

 Quiero traer a estas páginas un deseo de José Martí que mantiene plena vigencia porque aún no se ha cumplido, aunque nunca como ahora para hacerlo realidad. Constituye una hermosa profecía latinoamericana, que a todos los hombres de buena voluntad de estas tierras corresponde contribuir a cumplir:

“No nos dio la Naturaleza en vano las palmas para nuestros bosques, y Amazonas y Orinocos para regar nuestra comarcas; de estos ríos la abundancia, y de aquellos palmares la eminencia, tiene la mente hispanoamericana, por lo que conserva de indio, cuerda: por lo que le viene de la tierra, fastuosa y volcánica; por lo que de árabe le trajo el español, perezosa y artística. ¡Oh! El día en que empiece a brillar, brillará cerca del Sol; el día en que demos por finada nuestra actual existencia de aldea. Academias de indios; expediciones de cultivadores a los países agrícolas; viajes periódicos y constantes con propósitos serios a las tierras más adelantadas; ímpetu y ciencia en las siembras; oportuna presentación de nuestros frutos a los pueblos extranjeros; copiosa red de vías de conducción dentro de cada país, y de cada país a otro; absoluta e indispensable consagración de respeto al pensamiento ajeno; he ahí lo que ya viene, aunque en algunas tierras solo se ve de lejos; he ahí puesto ya en forma el espíritu nuevo.
...
“Se abren campañas por la libertad política; debiera abrirse con mayor vigor por la libertad espiritual; por la acomodación del hombre a la tierra en que ha de vivir.”[1]



[1] La América, Nueva York, noviembre de 1884.
  O.C. t.6, pp. 24-26

miércoles, 27 de febrero de 2019

JOSÉ MARTÍ TUVO UN AMIGO POLÉMICO




Fermín Valdés Domínguez

José Martí tuvo muchos amigos, pero hay uno que le resultó particularmente entrañable, Fermín Valdés Domínguez, porque su amistad proviene de esos años forjadores que son la segunda niñez y la adolescencia, de esos años de vida dura y anhelos muchos en que siempre hay un alma gemela para compartir penas y alegrías, eso fueron estos dos muchachos, amigos del alma, inseparables en esos primeros años de su vida y luego viviendo vidas paralelas pero que tenían muchos vasos comunicantes entre ambos.
 Si hoy tenemos una visión de esos primeros años del Apóstol se lo debemos a Fermín, nacido el 13 de junio de 1853, y para siempre guardador de su memoria y divulgador de sus ideas políticas.
 Pero este hombre martiano e inconforme, fue un rebelde indomable durante toda su vida, al igual que José Martí tuvo por norte la independencia de Cuba y la conformación de una República “con todos y para el bien de todos”, y si Martí fue un hombre de diálogo y convencimiento; Fermín fue el ímpetu, la palabra dura y abierta ante lo mal hecho o lo inconveniente, por eso se ganó muchos enemigos personales y políticos, que se ocuparon de tejer una “leyenda negra” alrededor de su figura, por su “mala costumbre” de llamar a las cosas por su nombre, hoy en día esa leyenda lo persigue, pese a sus enormes méritos patrióticos y su contribución a la independencia de Cuba.
 Aún hoy en la bibliografía cubana posterior a 1959 se habla de la polémica publicación de su “Diario de Soldado” en la década del 70, de las cuales salieron dos tomos entre 1972 y 1973, otros hablan de un tercer tomo que no he visto y de la censura a un cuarto tomo que no circuló. ¿La razón? El descarnado testimonio y la opinión sincera sobre “grandes figuras del panteón patriótico cubano”, a los que juzga por determinadas actitudes personales y políticas.
 Por eso aún carga con una mala reputación entre algunos historiadores y otros que dicen serlo, pero a su favor, el gran amor que le profesó José Martí, que lo tuvo como un alma gemela.
 Para esos que le niegan méritos al gran amigo de Martí, le recomiendo la película “Inocencia”, enfocada en el episodio que marcará la vida de Fermín Valdés Domínguez, el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871, y del cual fue protagonista, habría que preguntarse cuántos de sus detractores tendrían el coraje de este cubano pleno del que Martí se enorgulleció de su amistad.

martes, 26 de febrero de 2019

“MARTÍ ES LA IDEA DEL BIEN QUE ÉL DESCRIBIÓ”



«¿Qué significa Martí para los cubanos?
En un documento denominado «El Presidio Político en Cuba», Martí cuando tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies afirmó: “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el  nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno.”

 «Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

«Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto de honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado.

«Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

«Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal.  Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de  sus cenizas, como ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.
«Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.

«¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.


« El día en que cayó, el 19 de mayo de 1895, Martí se inmolaba por el derecho a la vida de todos los habitantes del planeta.

« Es la ya famosa carta inconclusa a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate, reveló para la historia su más íntimo pensamiento, que no por conocido y repetido dejaré de consignar una vez más: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, (…)de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

« Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez, de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otra muchas y brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable que, aun a riesgo de aburrir, también necesito repetir: “La guerra de independencia de Cuba(…) es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.»

«Cuán precozmente escribió esta frase, que se ha convertido en el tema principal de este encuentro. Nada hay hoy más necesario y vital que ese  distante y al parecer utópico equilibrio.
« En este instante en que se conmemora el 150 aniversario del natalicio de José Martí, el hombre que quizás por vez primera en la historia planteó el concepto del equilibrio del mundial, una guerra  está por comenzar como consecuencia del más colosal desequilibrio en el terreno militar que jamás existió sobre la Tierra.(…)

« Nadie crea que los individuos hacen la historia. Los factores subjetivos influyen, aceleran con sus aciertos o retrasan con sus insuficiencias y errores los procesos históricos, pero no determinan el resultado final. Ni siquiera un hombre tan genial como Martí –podría decirse igualmente de Bolívar, Sucre, Juárez, Lincoln y otros muchos hombres admirables como ellos- habría sido conocido por la historia de haber nacido por ejemplo treinta años antes o después.

«En el caso de Cuba. De haber nacido nuestro Héroe Nacional en 1823 y cumplido 30 años en 1853, en medio de una sociedad esclavista y anexionista dueña de plantaciones y enormes masas de esclavos, y sin existir todavía el poderoso sentimiento nacional y patriótico forjado por los gloriosos precursores, no habría sido posible entonces el inmenso papel que  desempeñó  en la historia de nuestra Patria.
 «Si algo me atrevo a sugerir a los ilustres visitantes aquí reunidos sería lo que veo que ya están haciendo. No obstante, a riesgo de cansarlos me permito repetir y reiterar: frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas! ¡sembrar ideas! ¡y sembrar ideas!;¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! ¡y sembrar conciencia!

«Muchas gracias.