jueves, 6 de julio de 2017

MARTI, UN JOVEN LUCHADOR POR LA INDEPENDENCIA



El 4 de marzo de 1870 se inicia en La Habana el proceso judicial que siguió el gobierno colonial español en Cuba contra varios jóvenes, entre los cuales se encontraban José Martí y Fermín Valdés Domínguez.

 Se les acusaba de insultar a los voluntarios[1] y de sospecha de infidencia. La primera causa por los sucesos ocurridos en casa de la familia Domínguez el 4 de octubre de 1869, hechos en los que no estuvo presente José Martí y que era un delito menor.

 La segunda causa radicada a partir del allanamiento de la mencionada casa y de la ocupación de una carta dirigida a Carlos de Castro, condiscípulo de Martí y Fermín y firmada por el primero. La misiva en sí agravaba el primer delito, aunque no comprometía hasta el punto de ser considerada como causa de delito de infidencia.

 El Decreto de Infidencia fue establecido por el Capitán General Domingo Dulce el 12 de febrero de 1869 a consecuencia de las revueltas del Teatro de Villanueva. Se publicó en la Gaceta de La Habana tres días consecutivos y establecía en su artículo primero que los delitos de infidencia serían juzgado por Consejo de Guerra. El día 14 de ese mes la gaceta  publica detalladamente los delitos que abarcaba la infidencia: traición o lesa nación, rebelión, insurrección, conspiración, sedición, receptación de rebeldes y criminales, inteligencia con el enemigo, coalición de jornaleros, ligas, expresiones o voces subversivas o sediciosas, propalación de noticias alarmantes y manifestaciones, alegoría y todo lo demás que con fines políticos tienda a perturbar la tranquilidad y el orden público o que de algún modo ataque la integridad nacional.

 El 21 de octubre de 1869 es detenido José Martí, en aquellos momentos su familia vivía en la villa de Guanabacoa, al otro lado de la bahía, en la que su padre ocupaba un puesto de celador de policía, tenía 16 años. A partir de su detención comienza una minuciosa investigación de las autoridades españolas que  según Vidal Morales, llegó a tener 243 hojas en su expediente, hoy extraviado.

¿Qué actividades podían llenar tan voluminoso expediente? ¿Era solo su participación en la redacción de la carta encontrada lo que se juzgaba?

 Era cierto que a partir de los sucesos de Villanueva La Habana era un campo de batalla entre el Cuerpo de Voluntario y el espíritu criollo inconforme y en proceso de radicalización. La represión se hizo muy fuerte, cientos de cubanos fueron deportados y familias enteras salían al exilio.

 En el caso de Martí la represión lo toca muy de cerca desde los primeros momentos, su amado maestro Rafael María de Mendive es detenido y posteriormente deportado a España, su colegio es cerrado y sus alumnos remitidos al colegio San Francisco de Asis, al que Martí no asiste por causas que su padre no acierta a justificar en el ruego que hace al Gobernador Superior Civil para que se le permita hacer los exámenes correspondientes del tercer año en el Instituto de Segunda Enseñanza del curso 1868- 1869, petición denegada.

 Las causas pueden ser varias: el temor de la familia ante las conocidas actividades políticas del muchacho, por lo que le procuraron un trabajo para ayudar a la familia y mantenerlo ocupado en la oficina  de Felipe Gálvez  Fatio, desde abril del 69 hasta su detención en octubre, allí se desempeña como dependiente de diligencias; o por la falta de solvencia para pagar el colegio, recordemos que José Martí no pagaba en el colegio de Mendive.

 Para los biógrafo de Martí es un enigma sus actividades entre el 23 de marzo, fecha del cierre del Colegio San Pablo, y el 21 de octubre, día de su detención.  Trataremos de reconstruir este tiempo de la biografía martiana con las evidencias que dan algunos historiadores que se ocupan de su estudio y sus propias cartas de esta etapa.

 Se sabe que Martí no perdió el contacto con sus condiscípulos y que frecuentaba el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, viviendo el agitado momento de confrontación de ideas. De este período es el periódico manuscrito y clandestino que circuló entre los jóvenes con el nombre de “Siboney”, en el que aparece una colaboración de Martí, el soneto, “10 de octubre”, ahí también colaboró Anacleto Bermúdez, uno de los estudiantes mártires del 27 de noviembre de 1871.

 El joven Martí en 1969 tiene apenas 16 años, es un colaborador estrecho de su maestro Mendive, cuyas ideas independentistas comparte; a través de él conoce y se relaciona con los más connotados revolucionarios habaneros. Junto a su maestro colabora en el periódico, “La Patria Libre”, aparecido un día después de los hechos del Villanueva (23 de enero) y es posible que más de un encargo peligroso haya realizado aquel jovencito serio e inteligente.

 A la salida de su maestro de la escena política habanera, debieron continuar estos contactos con los revolucionarios habaneros, pese a la oposición de sus padres. El historiador cubano César García del Pino en su minucioso trabajo, “El Laborante: Sauvalle y José Martí”, hace un profundo e interesante análisis sobre los posibles vínculos de Martí y este cubano rebelde y comprometido que fue Sauvalle.

 Se sabe que Sauvalle fue uno de los impulsores de los hechos ocurridos en el Teatro Villanueva y uno de los editores del periódico clandestino, “El Laborante”. Es muy probable que José Martí colaborara con este periódico y que la investigación de las autoridades españolas tras su detención, lo implicaran a él en un delito realmente grave.

Sotero Figueroa, gran amigo de Martí, escribe: “Escapa de la muerte para ir a presidio, después de mostrarse ante sus victimarios como orador, y orador tan elocuente, que logra persuadir a aquellos de que el autor de una criminal publicación periódica era él exclusivamente, logrando salvar de este modo a su fraternal amigo Valdés Domínguez, que estaba complicado en la causa.”[1]

 Féliz Lizaso parece haber manejado fuentes policiales de la época al decir: “(…) le detienen por infidencia, después de una minuciosa investigación que ha practicado el subimpector de vigilancia del tercer Distrito. De esta investigación se han acumulado muchos datos sobre las últimas actividades de Martí (…) y se han puesto de relieve actividades suyas la noche de los sucesos de Villanueva.”[2]

 Pero quien más luz arroja sobre el hecho es el propio Martí al decirle a su madre, en carta fechada el 10 de noviembre de 1869: “(…) Los Domínguez y Sellén saldrán al fin en libertad, y yo me quedaré encerrado”[3]

 A estas conclusiones llega después de la visita del fiscal, el que seguramente fue a interrogarlo. El sabía la gran diferencia entre las acusaciones que pesan en contra de él y las que se les hacía a los otros.

 La pregunta clave de César García del Pino es, ¿colaboró Martí en el periódico “El Laborante”?, aunque no llega a conclusiones definitivas, las evidencias de la investigación, su relación con Carlos Sauvalle, su apasionada intervención en el juicio y la condena de seis años de prisión con trabajo forzado, muestran en su caso un comprometimiento, amplio y peligroso.

 Otra carta desde la prisión muestra preocupación por una deuda de 109 pesos que tiene con la fábrica de papel: “(…) Yo solo soy la culpa de lo que sucede; -soy la única causa de lo que está pasando, y a mí, -pues se me debe juzgar el único culpable”[4]

 Lo que se adquirió con ese dinero fue papel y para esa fecha esa cantidad era suficiente para comprar bastante papel, ¿qué destino tenía este material?

 Quizás la propia actitud de Sauvalle hacia Martí cuando llega a Madrid explica un poco lo sucedido; allí lo recibe el compañero de luchas conocedor de la causa de su condena, que admira la interesa de aquel joven que supo hacer silencio frente a los hábiles interrogatorios y dejarse condenar, sin divulgar el nombre de sus compañeros de conspiración.


[1] Cuerpo paramilitar conformado por peninsulares radicados en Cuba y que dejaron una triste huella de crímenes en Cuba


[1] Sotero Figueroa: “Inmortal en José Martí: Norteamericanos”. La Habana, 1909
[2] Citado por César del Pino: “El Laborante: Carlos Sauvalle y José Martí, en Anuario del Centro de Estudios Martianos, Nº 9. La Habana, 1986
[3] José Martí: Obras Completas. Tomo I, pág. 41 ,   La Habana, 1975
[4] Ídem . Tomo XX, pág. 246

miércoles, 5 de julio de 2017

JOSÉ ANTONIO APONTE, EL PRECURSOR



El 9 de abril de 1812 fueron ahorcados en La Habana José Antonio Aponte y Ulabarra, Clemente Chacón, Salvador Ternero, Estanislao Aguilar, Juan Barbier, Juan Bautista Lisundia, todos “criollos de color libre” y los esclavos Esteban Tomás y Joaquín Santa Cruz, de la dotación del ingenio Peñas Altas, en La Habana. Ninguno fue juzgado, solo el temor de su ejemplo y el odio a lo que representaban hicieron que el Capitán General Marqués de Someruelos tomara la decisión de escarmentar con su muerte a los que soñaban con la libertad.
 José Antonio Aponte fue el líder de aquella intentona contra la esclavitud y el colonialismo y por ello su cabeza fue cortada y mostrada en una jaula en la esquina habanera de Belascoaín y San Luis Gonzaga, en el mismo barrio en que este prestigioso criollo vivía.
 Aponte había servido en el Batallón de marinos de la Milicia de Pardos y Morenos de La Habana que prestó servicios en la guerra por la independencia de las Trece Colonias de Norteamérica; su familia era criolla de tercera generación, carpintero ebanista, reconocido por la calidad de su trabajo y con una cultura general de la que da fe los numeroso libros de variados temas que se le ocuparon en su casa de la calle Jesús Peregrino, en La Habana extramuros.
 Hombre de ascendencia en su comunidad, presidió el cabildo negro Shangó Tedum y poseyó en el orden religioso lucumí la categoría de Oni-Shangó[1]. Fue capaz de organizar un movimiento conspirativo con ramificaciones al interior de la isla de Cuba, no solo entre la población libre de color, sino en las dotaciones de esclavos de algunos ingenios.
 Conocedor de los acontecimientos revolucionarios de Haití, concibió que Cuba pudiera ser el próximo eslabón en romperse y separarse del régimen esclavista que enriquecía a una minoría de criollos y españoles con el trabajo de miles de esclavos africanos.
 Por mucho tiempo la conspiración independentista y abolicionista organizada por Aponte fue minimizada y demonizada, por los que vieron en el mismo un “peligro mortal” contra el sistema esclavista, por lo que la figura de este hombre fue condenada al olvido y convertida en ejemplo de lo peor que se podía esperar de la raza negra.
 “Más malo que Aponte”, fue el estigma que quedó en la tradición popular de la isla para señalar a los peores criminales del país y ante esta frase temblaba una población ignorante, negra o blanca, pobre o rica, sin más análisis que el “miedo”.
 Miedo al negro que cada vez que reclamó sus derechos fue acusado de querer una “República Negra” o una guerra de raza.
 “Si bien Aponte fue estigmatizado como lo peor, la conspiración fue utilizada por el poder colonial para sembrar el llamado “temor a una insurrección negra” y esta, presentada como “una guerra despiadada de razas”. En realidad, lo que más había atemorizado de la conspiración de Aponte era que, aunque se presentó como una conspiración que solo quería repetir el proceso de Haití, era un movimiento que buscaba integrar a diverso sectores sociales, con independencia de la raza y de las condiciones sociales en los principios de la abolición de la esclavitud, de la independencia política y de la igualdad social.”[2]
 Cien años después, en 1912, bajo el gobierno de José Miguel Gómez, el fantasma de Aponte se hizo presente y las clases dominantes emprenden el mayor genocidio de nuestra historia contra el sector negro más combativo y rebelde, muchos de ellos veteranos de nuestra independencia, que se habían atrevido a reclamar lo que le correspondía en una República débil y servil que ignoró las prédicas martianas del hacer “con todos y para el bien de todos”.




[1] Eduardo Torres Cuevas: Un Conspirador de ébano en tiempos de tormentas, en per. Granma, 9/4/2012, pp. 4 y 5
[2] Ídem

martes, 4 de julio de 2017

CUBA, LA ELECCIÓN DE UN CAMINO



Este es un pedacito de nuestra historia, fue el inicio de los cambios más radicales que ha vivido país alguno en este hemisferio, los  cambios que nos enorgullecen a muchos y que ya muchos, los más jóvenes, tienen como historia pasada pero fue principio de un sueño que los capitalistas de cualquier signos no le perdonan al pueblo de Cuba. Fue la radicalización de una Revolución de los humildes y para los humildes:

 Un 16 de abril de 1961, en la despedida de duelo de los caídos en combate en los bombardeos realizados por aviones mercenarios a los aeropuertos de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y una enardecida y patriótica multitud, levantó sus fusiles en la intersección de las calle 12 y 23, en La Habana, para ratificar su compromiso de defender aquella Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”.
 Era el acto más radical de aquel proceso revolucionario, que respondía a la fuerte oposición del bloque oligárquico y las dificultades que crearon a la economía nacional con sus sabotajes, lo que ya había llevado al  Gobierno Revolucionario a promulgar la Ley 890 del 13 de octubre de 1960, que nacionalizaba 382 empresas de capital nacional, que incluye 105 centrales azucareros, fábricas, ferrocarriles, grandes almacenes, centrales eléctricas y otros importantes objetivos económicos.
 Ya antes se había hecho lo mismo con las empresa de Estados Unidos, por lo que ya estaba estatalizada  el grueso de la economía   de capital cubano, lo que unidos al completamiento de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba, el 24 de octubre, afianza el control estatal sobre la economía nacional.
 El país vivía un estado de guerra interna, produce un recrudecimiento de los sabotajes y enfrentamientos dentro del país, mientras en el plano internacional los Estados  Unidos establece un sistema de sanciones (bloqueo económico) que implica a terceros países. Cuba  se ha vio privada de sus mercados tradicionales de los cuales dependía de una manera desproporcionada, provocando que la economía cubana tuviera que sustituir su tecnología industrial, equipamientos, maquinarias agrícolas, etc., por suministros procedentes de la Unión Soviética y los países socialistas europeos. Con ello pudo sobrevivir al bloqueo, pero no pudo evitar la gestación de un nuevo mecanismo de dependencia que a la larga afectaría no solo desde el punto de vista económico, sino político.
  En los meses finales de 1960 se produce un incremento de las actividades armadas en la zona del Escambray, en la antigua provincia de Las Villas, financiadas y armadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA),  que fueron frenadas por una amplia ofensiva en los primeros meses del año 1961 por fuerzas conjuntas de las milicias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que derrotaron o dispersaron a estos grupos armados.
 En enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompe sus relaciones diplomáticas con Cuba y prioriza un plan de invasión directa al país por fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA, que tenían por misión el establecimiento de una “cabeza de playa” para instaurar un gobierno provisional que pidiera la intervención  militar directa del gobierno de Estados Unidos para derrocar a la Revolución Cubana.
 El 15 de abril de 1961 aviones mercenarios procedentes de bases en Nicaragua y con insignias de las FAR, bombardean los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con el objetivo de destruir la mayor parte de los pocos aviones de combate con los  que disponía la Revolución.
 Al día siguiente, 16 de abril, en la despedida de duelo de las víctimas de los bombardeos, Fidel  proclama el carácter socialista de la Revolución, como colofón a la radicalización ascendente que vive el proceso revolucionario.
 Se declara la movilización general, la dirección de la Revolución comprende que está en marcha una agresión directa y al amanecer del día 17, una fuerza de tarea formada por cerca de  dos mil hombres, reclutados entre los exiliados cubanos y conformada en su gran mayoría por antiguos soldados de la tiranía y afectados por las leyes revolucionarias, desembarcaron por la Bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas.
 La respuesta fue contundente, todo el país se puso en pie de guerra y miles de milicianos  marcharon a sus trincheras dispuestos a repeler cualquier golpe, interno o externo. Mientras en la zona del desembarco el combate fue sin tregua desde que los invasores pisan tierra y en menos de 72 horas las milicias junto al Ejército Rebelde y la Policía, con la dirección en la primera línea de Fidel, derrotan a los mercenarios.
 El golpe fue tan demoledor que el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, acepta su responsabilidad directa en los hechos.