viernes, 22 de febrero de 2019
viernes, 15 de febrero de 2019
DE AMÉRICA SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO
Un momento importante en la maduración
política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana. Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880,
venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial de la isla de Cuba algunos meses antes. El contacto con aquel país en pleno apogeo de
su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en el periódico The Hour un artículo titulado “Impresiones de América” en el que
expresa: “Estoy, al fin en un país donde
cada uno parece ser su propio dueño.”
Su
sagacidad lo hará profundizar de opinión en la medida que fue conociendo aquella
sociedad individualista y pragmática, en el que predomina el interés de los hábiles
y fuerte frente al interés colectivo de la sociedad.
El conocimiento más profundo de aquel país le
hará escribir un año después: “(...)
este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad
esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los
demás pueblos.”
En
aquel país vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la
expansión de la nación hacia el oeste, las riadas de emigrantes provenientes de
Europa, base de la vertiginosa transformación del país; las luchas de los
trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de
labor, hechos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado
de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión
paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital. Todo
esto en una constante dialéctica de maduración política.
En los Estados Unidos el Apóstol cubano
conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el
peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América
Latina: “Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”, dirá años después a su
amigo Manuel Mercado.
El auge económico del país traía la necesidad
de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de
la América
Latina. De eso se da cuenta José Martí y en la Conferencia Monetaria de Washington, en 1889, advertirá a las
delegaciones de América Latina del “convite” desigual y oportunista del joven e
impetuoso imperialismo norteamericano.
Desde
sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las
luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento
independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos
de impedir la anexión de Cuba al país del norte.
Su profundo espíritu analítico y su voluntad
de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a
conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:
- La
unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los
Estados Unidos.
- El
desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la
dominación de la nación del norte.
-
La
necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia
y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo
exacerbado
-
La
esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de
ser bueno.
Esas
y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo
contenida en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra
intelectual y de vida.
En los días que corren, con una nueva América
Latina, dispuesta al cambio e imbuida de esa necesidad de integración
preconizada por Bolívar, defendida por Martí y muchos otros, recordamos al
cubano mayor útil y vigente.
Por eso la solidaridad con el pueblo
venezolano en estos días es un mandato martiano para impedir que la fuerza
bruta sea la razón para derrocar al atacado y bloqueado proceso bolivariano y chavista
de ese país, aun cuando los medios de información, parte del sistema dominante
capitalista, se empeñe en satanizar un proceso social de raigal profundamente
popular.
“Deme Venezuela en que
servirla", escribió nuestro Martí hace más de 140 años cuando un
autócrata le obligó a salir de la patria de Bolívar.
Junto a Venezuela nuestro solidaridad
revolucionaria e incondicional.
martes, 12 de febrero de 2019
GANEMOSLA A PENSAMIENTO
Autor Servando Cabrera
En los día que corren las principales batallas no se dirimen en el terreno de la violencia física, sino en las áreas vitales de la cultura, la educación y la ética, tres categoría de la vida social que determinan mucho en la opinión, la acción y el futuro de cada uno de nosotros.
Hoy la Utopía de un mundo mejor, más humano, inclusivo y participativo pasa por esos tres factores de la conciencia social y por ello es que los grandes medios de comunicación batallan por imponer "sus verdades", ocultar sus verdaderas intenciones y crear un concenso de opinión y simpatía, aún para aquellas aberraciones de la política humana que tiende a fortalecer a las monorías poderosa, frente a uan "masa anónima y necesitada" que perentoriamente quiere resolver los pequeños y grandes problemas materiales que esas minorías tiene resuelta.
Dominación, acumulación de riqueza, hegemonía ideológica, manipulación de la sociedad y destrucción de la ética humanística de respeto a los derechos del ser humano al menos a los fundamentales: la vida, la prosperidad, la educación, la salud y las condiciones para hacer familia, esas cosas tan generales y tan vitales, son la cuenta pendiente de la mayoría de los estados, en este mundo globalizado y cada vez más problemático para el más grande logro de la evolución: EL HOMBRE.
lunes, 11 de febrero de 2019
“…Y MI HONDA ES LA DE DAVID”
Auto retrato de José Martí
Hace
más de un siglo, un cubano a punto de morir por su país y sus ideas escribió
una carta memorable dirigida a un amigo mexicano a quien le explicaba con toda
claridad el propósito de todos sus desvelos y sacrificios para lograr que
nuestro países de América no cayeran bajo la hegemonía de un ambicioso vecino
que solo veía en nuestro pueblos “intereses económicos y geopolíticos”, ese
cubano es José Martí quien dejará sin terminar su carta a Manuel Mercado un 18 de mayo de 1895, la
premura de hacer patria, no le hizo olvidar ese peligro mayor que significaba y
significa los Estados Unidos para América Latina.
Ahora que por estos días un Secretario de Estado proclama sin tapujo la
“Doctrina Monroe” (América para los americanos) y desentierra aquellos planes
de aplastar todos esfuerzo progresista, por cualquier medio así fuera a través
de gobiernos afines, dictaduras, tribunales sin vendas, violadores de los
derechos humanos en complicidad con los
intereses yanquis y oligárquicos en esos países; por eso es bueno alertar a los
ingenuos, despertar a los egoístas y alentar a los revolucionarios de toda
América Nuestras sobre la necesidad de
fortalecer el basamento ideológico de nuestras luchas, porque no habrá mañana
si olvidamos la historia, si no hacemos la lectura correcta de lo que pasa en
política a nivel global, donde las injusticias se valoran según los intereses
de a quienes benefician.
“Viví en el monstruo y le conozco las
entrañas”, sentenció Martí en esta misma carta y nos dice con claridad
meridiana que cuanto había hecho hasta ese momento y haría en el futuro, era
para eso, “…para impedir que los Estados Unidos caigan con esa fuerza más sobre
los pueblos de Nuestra América”
Una América Latina dividida e injusta conviene
a los intereses hegemónico de los Estados Unidos y nadie tendrá libertad, ni
soberanía, seremos meras provincias romanas en un imperios cada vez más cruel y
corrupto.
“Mi honda es la de David”, sentenció el
Apóstol en aquella carta escrita ayer,
con la vigencia de hoy.
viernes, 8 de febrero de 2019
UN ANÁLISIS DEL JOVEN MARTÍ SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS
El joven Martí, autor Enrique Caravia
Al conocer la labor
periodística desarrollada por nuestro José Martí desde los Estados Unidos como
cronista de importantes periódicos de América Latina, podríamos pensar que es a
partir de sus vivencias personales de vida que desarrolla ese pensamiento
antimperialista que es hoy uno de sus innegables aportes a las ideas más
progresistas de nuestro continente.
Pero sin embargo, este fragmento escrito en
unos de sus primeros Cuadernos de Apuntes
que data de 1871 durante su exilio en España, nos muestra a un joven de 18 años
con una profunda concepción sobre la sociedad norteamericana y las ideas muy
claras en cuanto a las diferencias entre una sociedad como esa y la que en Cuba
y en América Latina estaban desarrollando pueblos de origen diferente. Sus
palabras son la elocuente prueba del humanista, el cubano independentista y el
que admira y respeta al vecino, pero al que no quiere imitar por considerar que
nuestra circunstancia y formación no son las mismas:
“Los norteamericanos posponen a la utilidad el
sentimiento, - Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad.
“Y si hay diferencia
de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si
nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza
imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial,
tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis
que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?
“Imitemos. ¡No! –Es
bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de
creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos
asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es
menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a
regir dos pueblos diferentes?
“Las leyes americanas
han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más
alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita
sea la prosperidad a tanta costa!”[1]
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