sábado, 21 de julio de 2018

“LOS NIÑOS SON LA ESPERANZA DEL MUNDO”




Desde el siglo XIX que le tocó vivir, nuestro José Martí hizo mucho énfasis en la educación de las personas y por sobre todo de los niños, esas personitas que no pidieron venir al mundo pero que como fértil semillero crecen en cada familia y sociedad. A ellos les dedicó la revista “La Edad de Oro” un tesoro de saber que no se pone viejo, y que podemos seguir leyendo en el formato que prefiramos.
“Ser bueno es mejor que ser príncipe”, con esta frase el Apóstol remarca la necesidad de una pedagogía de la bondad, que vaya más a formas valores y espiritualidad, que a cultivar el egoísmo y la vanidad en los niños. Ellos siguen siendo la prioridad mayor de la sociedad, porque son el futuro, serán el rostro del mundo de mañana y nada mejor que conozcan que no estamos solo en el mundo, que lo compartimos con otros en diversas situaciones sociales pero que su deber, nuestro deber es preocuparnos por ellos, proveerlo no solo de las cosas materiales que necesitan, sino de las hermosas herramientas del espíritu que lo pondrán a la altura de la humano.
 Los niños en los sistemas de desigualdad, injusticia e inestabilidad social son los que más sufren, son la víctima más desgarradora, porque no entienden la tragedia que viven, sin embargo viven  abandonados por todos, olvidados por las grandes potencias decisoras que los tienen como “bajas colaterales”, “males necesarios” o cualquier otro eufemismo que oculten el terrible flagelo de ver sufrir a un niño por las guerras, el hambre, la falta de atención, la disolución de la familia o por perder la vida cuando vino al mundo para ser futuro y esperanza.
 La Revolución Cubana ha tenido siempre como su programa prioritario, la protección de la infancia, basada en esa máxima martiana que nos sirve de título: enseñanza universal y gratuita, acceso a la salud y al bienestar mínimo, legislación familiar que apuntala sus derechos a crecer sanos, protegidos por la familia o a falta de esta por las instituciones del estado, su preparación para el bregar por la vida, hacen de esta isla pequeña y utópica, una excepción, un paraíso para los niños.
 Somos la nación con la más baja tasa de mortalidad infantil en todo el continente americano, la enseñanza es obligatoria hasta el noveno grado y la educación de los primeros años del infante  es la prioridad primera del sistema de educación.
 No tendremos grandes parques de diversiones para los niños, pero la seguridad del niño cubano es sagrada, flagelo como el secuestro de niños, tráfico de sus órganos, esclavización como mano de obra, prostitución infantil, indigencia y abandono, son fenómenos que no existen en Cuba, a pesar de sus precariedades e incluso de las nuevas miradas consumistas de familias y ciudadanos que ven el bienestar humano en la acumulación de bienes.
 Hoy están de vacaiones, abrace a su niño  asegúrese de que crecerá en un mundo de valores humanos donde la bondad sea la brújula principal de su vida, él será el ciudadano del futuro, un reflejo de su familia, su sociedad y su grupo, pero único.

viernes, 20 de julio de 2018

NICOLÁS GUILLÉN, EL POETA DE LO POPULAR NACIONAL




 Nicolás Guillén, un mulato de pueblo que nació poeta en su Camagüey raigal nació un 10 de julio de 1902, justo en el año en que nacía la República y en el que los principeños reivindicaran su derecho a llevar el toponímico aborigen de Camagüey.
 Cuando llegó a La Habana enfrentó con talento y valor personal a una sociedad que cargaba aún con los prejuicios de tener en sus calles a los antiguos esclavos de las plantaciones cañeras y a sus descendientes, aún no reivindicados del todo luego de su apoyo decisivo para expulsar a España de Cuba.
  Era el año 1927 cuando el jovencito camagüeyano se traslada a La Habana, ya había dejado atrás una etapa de colaboración y buen periodismo en su ciudad natal y ahora en la capital se une a los más inquietos grupos intelectuales del momento.
Él es parte de una generación despojada del prejuicio frustrante y derrotista de la intervención norteamericana, ellos veían el hecho de otro modo, manteniendo la rebeldía de sus padres insurrectos pero combativos contra los colaboracionistas y el servil pro-hombre de la República que se resignaban a la República a medias que le habían dejado.
 Con su llegada a la capital madura el joven intelectual y su poesía se afilia a los aires vanguardistas que pugnan por imponerse en el ambiente intelectual cubano.
 Su entrada en grande en la literatura y la cultura  nuestra, será desde las páginas del “Diario de la Marina”, con la que colabora en su sección “Ideales de una raza” y fundamentalmente con la publicación en ella de  sus poemas “Motivos del son”[1] que escandalizaron a la conservadora élite intelectual habanera por la forma desenfada de aquel mulato para mostrarnos esa otra cara de Cuba que estaba en los más humildes y que ya algunos en la isla estudiaban como folklor, pero ahora  aparecía en rítmicos y sabrosos poemas que nos hablaban del negro, de su descendiente el mulato y el sufrimiento  bajo una sonrisa de esta gente nuestra, que somos nosotros mismos todos mezclados.
 Con estos ocho poemas y la obra fecunda y prolífera que vendrá después Nicolás Guillén entrará en la cultura cubana arrastrando a su raza hacia el “color cubano” que hoy marca la cultura nacional.
 Tuvo la suerte de ver la Revolución triunfante y de ser no solo un pilar cultural, sino político, de los radicales cambios que este país vivió después de 1959.
Balada de los abuelos
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.
África de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro).
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos…
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco).
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios…!
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
— ¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan:
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran. Cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!
Tomado de West Indies Ltd., en Obra poética 1920-1972, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972.



[1]20 de abril de 1930

miércoles, 18 de julio de 2018

XXIII JUEGOS DE LOS JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE, BARRANQUILLA 2018




Por estos días los cubanos y los que vivimos en el área de Centroamérica y el Caribe estamos muy pendiente de la fiesta deportiva que organiza la ciudad de Barranquilla en Colombia, nuestros juegos regionales deportivos, los más antiguos del planeta (1926), para nosotros será un momento de fiesta, aun y cuando no siempre se gane, pero disfrutaremos de la hermandad de la gente de esta zona que tiene en la alegría un antídoto a sus problemas.
 Desde su creación Cuba y México han mantenido una fraterna rivalidad por dominar estas lides del músculo que han servido de preparación para los deportistas del área en su afán de una mejor actuación en los Juegos Panamericanos, los mundiales de sus respectivas disciplinas y los Juegos Olímpicos, ese mega espectáculo que en el 2020 organizará Tokio la capital de Japón.
 Cuba acude a esta cita con sus mejores deportistas con la finalidad de dar a la Mayor de Las Antillas el alegrón de una buena cosecha de títulos y marcas, a pesar de la rivalidad creciente con las naciones del caribe, fuertes en uno u otro deporte y algunos con relevantes atletas, lo que resulta un poco caótico el hecho de programar tantos deportes que no están en el calendario olímpico, más por complacer a determinados grupos regionales que como modo de mostrar avances en los deportes olímpicos.
 Cuba está igualmente presente en el triunfo de muchas naciones del área con el aporte de sus técnicos y especialistas al entrenamiento de los atletas para las competencias, con el sencillo orgullo de hacer triunfar la hermandad y la solidaridad entre naciones que por siglos han mantenido vínculos históricos.
 Como cubanos seguimos día a día el avance de Cuba en el medallero por países, no por chauvinismo estrecho, sino por ser el resultado de un esfuerzo grande salido del sacrificio de una nación pequeña en la que no sobran los recursos, pero donde está reconocido el deporte como un “Derecho del Pueblo” y las victorias son un aliciente espiritual para seguir el camino que hemos escogido, ojalá sirva para acelerar la renovación que necesita el sistema deportivo cubano y el impulso del gran pasatiempo nacional de los cubanos que es el beisbol, asi como los deportes colectivos tan deprimidos en Cuba hasta el punto de no tener un buen campeonato nacional en ninguno de ello, más allá del formalismo anquilosado.
¡Qué gane el mejor! Esa es la divisa del juego limpio y  con ella en el pecho los nuestros tratarán de regresar a la Patria con la victoria.