sábado, 5 de julio de 2014

LA HONRADEZ

José Martí. Autor: René Portocarrero



«La honradez debía ser como el aire y como el sol,
tan natural que no se tuviera que hablar de ella…»
 José Martí
 Siguiendo la  pausa sobre el pensamiento martiano y la  magnífica recopilación hecha por Jorge Sergio Batlle en su libro “José Martí, aforismos” quiero acercarme a los criterios del Apóstol sobre la honradez, uno de los valores que estamos necesitado de rescatar si queremos construir una sociedad justa y superior, porque esa virtud humana que no es innata debe nacer en la familia inculcada por ella a cada uno de sus miembros y reforzada luego por los mecanismos sociales como la escuelas y sus instituciones culturales, pero si se carece de honradez, si el doble rasero y la simulación son las antivalores predominantes poco se podrá hacer porque  sea  una virtud imprescindible del cubano de hoy.
Estas son las valoraciones de Martí sobre esta categoría de lo esencial humano:
«Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado.»[1]
« (…) hay un campo en que los hombres se dan las manos, que es el de la honradez, donde se respeta, y aún se ama por su virtud a los adversarios constantes y veraces»[2]
«Lo que daña no es ser honrado, sino serlo a medias»[3]


[1] José Martí, “Tres Héroes”, “La Edad de Oro”, Obras Completas. T. 18:305
[2]  José Martí, Obras Completas. T. 4: 240
[3] José Martí, “Otras Crónicas de Nueva York” p. 113

sábado, 28 de junio de 2014

LA MEDIOCRIDAD



Arturo Montoto.
 La grandeza de lo cotidiano

 La mediocridad es la antítesis del talento, si el talento forja su camino con estudio, esfuerzo y mucho de trabajo, la mediocridad pretende llegar rápido, alcanzar los resultados rápidos y  sin hacer mucho esfuerzo: lo copia.
 De eso está muy lleno internet de copiadores del talento ajeno al que tratan de sacar partido con un remedo  de baja calidad pero que a ellos, los mediocres, le da el caparazón suficiente para cubrir su desnudez.
 El talento es un don de Dios, se cultiva y crece con el esfuerzo, se embellece cuando va acompañado del desprendimiento, la bondad y el amor al prójimo… pero cuidado, a veces se hace patán, insolente, autosuficiente y se seca dormido sobre los laureles y la adulación de los mediocres.
 Hoy que los medios en el mundo se han democratizado y se hace fácil que cualquier persona pueda expresar y poner su pensamiento y creatividad a disposición de todos, hace falta que el talento sea responsable, porque nada es peor que la manipulación, la desinformación y el burdo intento de coapta a otro.
 Por eso el remedio sigue siendo la cultura y la educación, modos sociales de alcanzar por la vía del esfuerzo lo que el talento hace fácil y la mediocridad quiere enseguida, de forma fácil, para que lo entiendan todos y tener su momento de brillo.
 Al mediocre le acompaña siempre la envidia y el egoísmo, la ganancia  y reconocimiento fácil que lo hará centro por un momento para luego perderse en la vorágine de su triste mediocridad.
 El talento es eterno, el esfuerzo loable, el altruismo cualidad que debe acompañar a todos los seres humanos para ser buenos, como categoría superior de lo humano, lo demás es fanfarria para un día.
 Por eso no me preocupan las copias, solo quiero compartir con la comunidad humana, ser un voz más en el concierto humano y si logro una nota de solista perdónenme los mediocres, no fue mi intención, simplemente  era la que iba en ese momento. Un fuerte abrazo a los amigos.

viernes, 27 de junio de 2014

CUBA, LA LIBERACIÓN DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS




En el socialismo las fuerzas productivas son controladas por el estado quien debe en su reasignación de planificación tener previsto dónde va cada uno de los eslabones de este engranaje de la sociedad que son los trabajadores.
 En el caso de Cuba durante muchos años la subutilización de las fuerza productiva, la sujeción a  los diabólicos mecanismos burocráticos del estado y el partido comunista, se convirtieron en un freno para el desarrollo de la economía cubana, más allá de factores externos más que conocidos, como son el bloqueo económico a la isla, la persecución del gobierno de los Estados Unidos a cuantas posibilidades tenga la sociedad cubana para negociar con cualquier país capitalista del mundo y el oportunismo de los capitalistas de cualquier nación por el cobro de intereses leoninos por comerciar con la “isla hereje”.
 Los cambios  que se están produciendo en el país a partir del “nuevo modelo económico” implementados en  los “lineamientos económicos” del partido han conllevado a la liberación paulatina pero creciente de estas “fuerzas productivas”, en sectores muy dinámicos y que para el estado siempre han sido un gran dolor de cabeza: los servicios personales, la gastronomía, el comercio minorista, el trasporte público y las pequeñas producciones locales, artesanales, artísticas. Un poco más controlado pero igualmente creciente ha sido la producción agrícola, enormemente deficitaria por muchos años, estatalizada en más del 80 % hasta  hace menos de una década, pero que no satisfacía las necesidades de una población de apenas 11 millones de habitantes, teniendo que convertirnos en importadores netos de alimentos.
 La distribución de tierras estatales ociosas (miles de caballerías de tierras llenas de marabú en manos del estado) ha significado una nueva reforma agraria, contra un latifundio estatal ineficiente  y en banca rota. Es la principal reforma en el campo económico cubano, llamada a lograr la sustentabilidad económica del país, siempre y cuando las trabas burocráticas que aún la ralentizan sean eliminadas y dejen al productor con las manos libres para producir los alimentos que este  pueblo necesita.
 A mi modo de ver el problema fundamental que seguimos afrontando es la enorme carga que significa para el estado y el pueblo, el ejército de funcionarios que en todos los niveles se empeñas en “hacer cumplir” mecanismos obsoletos o se atrincheran detrás de cualquier resolución o ley anacrónica para frenar esta fuerza productiva que por necesaria y progresista terminará por imponerse y dejar las cosas en su lugar.
 Hacer efectivo el gobierno del pueblo, descentralizar la mayor cantidad posible de funciones, hacer posible que los municipios tengan iniciativas, se sustenten y que los “delegados del poder popular” verdaderamente sean los representantes del pueblo son asignaturas pendientes pero necesarias si queremos seguir adelante con un socialismo próspero y sustentable.