lunes, 11 de febrero de 2019

“…Y MI HONDA ES LA DE DAVID”




Auto retrato de José Martí 

Hace más de un siglo, un cubano a punto de morir por su país y sus ideas escribió una carta memorable dirigida a un amigo mexicano a quien le explicaba con toda claridad el propósito de todos sus desvelos y sacrificios para lograr que nuestro países de América no cayeran bajo la hegemonía de un ambicioso vecino que solo veía en nuestro pueblos “intereses económicos y geopolíticos”, ese cubano es José Martí quien dejará sin terminar su carta  a Manuel Mercado un 18 de mayo de 1895, la premura de hacer patria, no le hizo olvidar ese peligro mayor que significaba y significa los Estados Unidos para América Latina.
 Ahora que por estos días un  Secretario de Estado proclama sin tapujo la “Doctrina Monroe” (América para los americanos) y desentierra aquellos planes de aplastar todos esfuerzo progresista, por cualquier medio así fuera a través de gobiernos afines, dictaduras, tribunales sin vendas, violadores de los derechos humanos  en complicidad con los intereses yanquis y oligárquicos en esos países; por eso es bueno alertar a los ingenuos, despertar a los egoístas y alentar a los revolucionarios de toda América Nuestras sobre  la necesidad de fortalecer el basamento ideológico de nuestras luchas, porque no habrá mañana si olvidamos la historia, si no hacemos la lectura correcta de lo que pasa en política a nivel global, donde las injusticias se valoran según los intereses de a quienes benefician.
 “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, sentenció Martí en esta misma carta y nos dice con claridad meridiana que cuanto había hecho hasta ese momento y haría en el futuro, era para eso, “…para impedir que los Estados Unidos caigan con esa fuerza más sobre los pueblos de Nuestra América”
 Una América Latina dividida e injusta conviene a los intereses hegemónico de los Estados Unidos y nadie tendrá libertad, ni soberanía, seremos meras provincias romanas en un imperios cada vez más cruel y corrupto.
 “Mi honda es la de David”, sentenció el Apóstol en aquella carta  escrita ayer, con la vigencia de hoy.

viernes, 8 de febrero de 2019

UN ANÁLISIS DEL JOVEN MARTÍ SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS





El joven Martí, autor Enrique Caravia


Al conocer la labor periodística desarrollada por nuestro José Martí desde los Estados Unidos como cronista de importantes periódicos de América Latina, podríamos pensar que es a partir de sus vivencias personales de vida que desarrolla ese pensamiento antimperialista que es hoy uno de sus innegables aportes a las ideas más progresistas de nuestro continente.

 Pero sin embargo, este fragmento escrito en unos de sus primeros Cuadernos de Apuntes que data de 1871 durante su exilio en España, nos muestra a un joven de 18 años con una profunda concepción sobre la sociedad norteamericana y las ideas muy claras en cuanto a las diferencias entre una sociedad como esa y la que en Cuba y en América Latina estaban desarrollando pueblos de origen diferente. Sus palabras son la elocuente prueba del humanista, el cubano independentista y el que admira y respeta al vecino, pero al que no quiere imitar por considerar que nuestra circunstancia y formación no son las mismas:

 “Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, - Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad.

“Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?

“Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?

“Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”[1]


[1] Obras Completas de José Martí, t. XXI p. 15

martes, 5 de febrero de 2019

LA FAMILIA, CRISIS Y OPORTUNIDADES




No puedo hablar de lo que no conozco, por ello voy a escribir sobre la familia cubana hoy, según mi criterio y a la luz de mis experiencias personales.
 Con el triunfo de la Revolución Cubana y la ruptura que significaron todos los cambios sociales que se produjeron en los primeros diez años de su desarrollo, la familia tradicional cubana sufrió un impacto.
 Hasta ese momento la familia nucleaba alrededor de la figura paterna básicamente a la esposa, los hijos, que como promedio en las familias de bajos ingresos eran cuatro o cinco y alguno de los abuelos y tíos dependiente de la manutención del cabeza de familia. Esto podía variar, pero era lo regular en la mayoría de los hogares cubanos.
 Esta familia preparaba a sus miembros menores para “aportar” a la economía doméstica en el menor tiempo posible y sus principios éticos se basaban en la honradez y la obediencia a los mayores, algunas creencias religiosas y la formación básica de una enseñanza que en pocos de ellos pasaba del sexto grado.
 La mujer, pocas veces trabajaba en la “calle”, pero era el eje de la economía doméstica, de la crianza de los hijos, de la protección de los ancianos y la decisora en temas éticos, de distribución del patrimonio familiar, educación familiar y comportamiento ético.
 Los hijos tenían una protección y dependencia rígida de los padres y mayores y solo con la adolescencia, muchas veces temprana lograban independencia, bien por el trabajo o los estudios y en el caso femenino, por el matrimonio, donde ella iba a repetir un patrón matriarcal de muchas generaciones.
 La Revolución puso en crisis estos patrones, para bien y para mal, la mujer con su independencia y superación igualó y superó en muchos casos al varón, que ya no le hizo falta para mantener el hogar, entró en la sociedad con plenos derechos, pero sin mucho tiempo para educar a sus hijos, sin librarse de la “carga doméstica”, conviviendo con otros que dependen de ella o son “independientes” pero viven bajo el mismo techo, con todos los conflictos que la convivencia lleva entre los nuevo y lo viejo, el resultado ha sido que está más sola sin un compañero de vida o en el mejor de los casos con él, porque no queda más remedio.
 La familia hoy con su carga de problemas materiales, disfruta muy poco de sus conquistas, porque vive en un país con muchas penurias, una ética basada en principios políticos y descuidada de los principios morales, pero sigue siendo el refugio del “hijo pródigo” cuando fracasa, cuanto está solo, cuando triunfa pero siente que le falta algo, cuando está lejos y se cuelga a sus recuerdos como talismán de la felicidad, esa es la Cuba adentro  donde somos muchos, cada vez más viejos, pero con una estela de nostalgia que el futuro no borra.