lunes, 9 de octubre de 2017

LOS INICIOS DEL CINE EN CUBA (II)




A partir de 1906 la cinematografía silente comienza desarrollarse en Cuba de forma regular, animada por un director, Enrique Díaz Quesada (1882-1923) y la Compañía Santos y Artigas que se convierte en la principal productora del cine silente en Cuba.
 Díaz Quesada y el empresario Francisco Rodríguez crean  la empresa, The Moving Pinture Company, muy cubana a pesar de su nombre en inglés, primero para la distribución de películas y más tarde produciéndolas en Cuba.
El primer documental de Díaz Quesada es, “El Parque de Palatino” (1906) realizado en un rollo y que ha devenido en la película más antigua que se conserva en Cuba.  El corto muestra el parque de diversiones de Palatino y sus diversas atracciones y denota en su rodaje una intención artística por el movimiento de la cámara al enfocar los diversos aparatos de la instalación.
“Era el 25 de marzo de 1906 cuando un temerario operador fue capaz de atrapar en apenas siete planos el ambiente festivo del habanero Parque de Palatino. La prensa de su época lo catalogó como “Padre de la Cinematografía Cubana”. Su nombre era Enrique Díaz Quesada. Lo cierto es que su primer filme “El Parque de Palatino”, revela una increíble intuición cinematográfica”[1].
 Director con talento intuitivo, Díaz Quesada realiza una fecunda labor cinematográfica con influencia del cine europeo de su época y reflejando en sus temas aspectos históricos y sociales de Cuba.
 Ese mismo año filma, “La Habana en agosto de 1906” y “La salida de Palacio de Don Tomás Estrada Palma”, ambos documentales de actualidad noticiosa. En 1907 realiza la primera película de ficción cubana, “Un duelo a orillas del Almendares” y el documental de promoción turística, “Un turista en La Habana”.
 En 1908 los empresarios de espectáculos Pablo Santos y Jesús Artigas fundan una compañía  distribuidora de películas en Cuba y meses después se inician en la producción de documentales y películas asociados con el emprendedor Enrique Díaz Quesada, quien realiza ese año, “Un Cabildo en la Romualda” y en 1909 “Los festejos de la Caridad en Camagüey”. En 1910 filma su segunda película de ficción, “Criminal por obcecación”.
 La colaboración con Santos y Artigas  incluye en estos primeros tiempos del cine cubano la filmación de cortos de actualidad noticiosa habanera, que se mantendrán como una constante hasta 1919.
 A fines de 1910  Díaz Quesada filma, “Juan José”, con la producción de Santos y Artigas basada en la novela homónima de Joaquín Dicenta, con la actuación de Gerardo Artecona y María Luisa Villegas en los protagónicos. La película es un corto dramático de 3 200 pies de rollo, la más larga filmada en Cuba hasta ese momento. En  1912 rueda el primer largometraje  cubano, “Manuel García” con guión de Federico Villoch,  y la actuación de Gerardo Artecona y basada en la historia del controvertido  salteador cubanos de finales del siglo XIX; el tema mambí aparece con su segundo largometraje, “El capitán mambí” (1913-1914), con Alejandro Garrido y Sara Othoff en  los principales papeles, la saga mambisa continúa con, “La Manigua” o “La mujer cubana” (1915) con Pilar Bermúdez y Alejandro Garrido y “El rescate del Brigadier Sanguily” (1916-1917), con Ursula Garrido y Paco Lara.
 En abril de 1915 Díaz Quesada filmo la amañada pelea de boxeo por el título de los pesos máximo entre el campeón vigente el negro estadounidense Jack Johnson y Jess Willard, todo estaba arreglado para que perdiera Johnson  y Díaz Quesada filmó los 26 asalto del combate, lo que fue todo un “palo periodístico” y un escándalo en el ámbito deportivo. Al día siguiente de la pelea ya se mostraban en La Habana las imágenes de la pelea.
 En 1917 realiza una película con  una trama policíaca en la que está presente de forma prejuiciado el tema de las cultura afrocubanas, “La hija del policía” o “El poder de lo ñáñigos” con Sergio Aceval y Consuelo Álvarez. Ese mismo año filma “El tabaquero de Cuba” o “El capital y el trabajo”, con Blanca Rosa y Regino López, un acercamiento reformista a temas sociales de la época.
 Su catálogo para Santos y Artigas se completa con, “La careta social”(1917) con la actuación de Consuelo Álvarez y Santiago García; “La zafra” o “Sangre y azúcar” (1918-1919), con Yolanda Farrar y Regino López y “La brujería en acción” (1919) protagonizada por Sergio Aceval y Consuelo Álvarez, una saga de “El poder de los ñáñigo”.
 En la década del 20 Enrique Díaz Quesada continuó su trabajo cinematográfico, agregando a su ya copiosa  obra, las citas: “El genio del mal”(1920), “Frente a la vida”(1921) y “Arroyito”(1922), su última película y para muchos su mejor obra junto con “La zafra”. Murió el 14 de marzo de 1923.
 La cinematografía de Díaz Quesada llena todo este primer período del cine cubano, sobresaliendo por su apego exagerado a los elementos externos de la veracidad y una marcada influencia en el modo de hacer cine por los europeos. Sus películas se basan en temas nacionales, haciendo énfasis en la historia, el costumbrismo y los temas de actualidad, con una obra que intentó una función social consciente. A él le debe el cine cubano 17 de los 40 títulos rodados entre 1907 y 1922.[2]
 Desde 1916 se da a conocer Ramón Peón (1897-1971) con las primeras imágenes áreas de La Habana. Formado en el oficio de cineasta en México y los Estados Unidos fue consolidando una obra, que dio  continuidad al trabajo realizado por Enrique Díaz Quesada.
 Con la película, “Realidad” (1920) se produce el debut de Ramón Peón, para esta cinta él escribe y dirige, mientras la producción corrió a cargo de la “Nacional Film Produccion. S.A.”. Ese mis año se produjo su segunda película de ficción  producida por la “Cia. Golden Sun Pintures” (1920) y titulada “Dios existe”, con Marta Lis en el protagónico. En este período se le reconocen a Ramón Peón dos películas más: “La cosas de mi mujer” (1921) y “Casado de veras” (1922).
 En la revista “Cine Mundial” órgano de la Industria Cinematográfica del Moving Picture World aparece la referencia  al corto de animación Conga y Chambelona (1919), del pintor y humorista Rafael Blanco (La Habana, 1885-1955), quien no aparece en listados de creadores fílmicos.  En la citada revista se afirma que fue presentada en una exhibición privada en Nueva York  a la que "asistieron empresarios de Estados Unidos y algunos políticos cubanos". Al filme, de  veintisiete minutos en pantalla, se le atribuye "detalles técnicos de efecto sorprendente". A la pluma del dibujante satírico Blanco le acompañó la producción de Victoriano Martínez y las habilidades de Luis Seel como "animador".[3]
 El balance para el cine silente cubano del período es positivo, existe una intención de crear películas propias, resultado del esfuerzo de un pequeño grupo de técnicos, directores, actores y productores, que tiene que lidiar con la competencia del cine extranjero, europeo y estadounidense, sin la protección de la producción nacional por parte del estado. Pese a esto la producción nacional de películas y cortos deja un considerable saldo de películas de ficción y reportajes, que sitúan a Cuba entre las pioneras del cine silente de Latinoamérica.




[1] Jennys Laura: Enrique Quesada entre el ensueño y el cine cubano”. Rev. Somos Jóvenes. Agosto 2005.
   Versión Digital. http://www.somosjovenes.cu/index/semana84/padcine.htm
[2] Ídem
[3] La política en versión rumbera, ¿Un antecedente del dibujo animado cubano? Reynaldo González en http://www.cubaliteraria.cu/autor/reynaldo_gonzalez/html/obra06.html


viernes, 6 de octubre de 2017

LOS INICIOS DEL CINE EN CUBA (I)



Cuba fue uno de los países pioneros en la cinematografía, no solo por su proyección temprana, sino porque desde los primeros momentos de su llegada ya hubo inquietudes para filmar y dejar en el celuloide constancia de la época y la gente


La isla  fue en el siglo XIX receptora de todos los avances e innovaciones que en el espectáculo se producían, había dinero, un gusto creado y un segmento de público capaz de pagar muy bien las novedades. En 1894 aparece en La Habana el electro-taquiscop (fotografía instantánea en movimiento), que se exhibía como curiosidad en la taquilla del teatro Tacón por el precio de veinte centavos. Un año después se presenta el Kinescopio de Edinson en la Manzana del Gómez y poco después el cinematógrafo de Lumiere, traído a La Habana por el francés Gabriel Veyre, quien presentó el primer espectáculo de cine el 24 de enero de 1897[1], ante un público curioso que llenó el salón desde las 6:30 de la tarde hasta las 11:30 de la noche, en tandas de media hora donde se presentaron siete cortos sin argumentos:”Jugadores de carta”, “Los bebés”, “Artillería de montaña”, “Un negro bañándose”, “Llegada del tren”, “Transformador de tipos” y “Escena del jardinero”.[2]


 La acogida de este acontecimiento es reseñada por el periódico “La Unión Constitucional” que indica la asistencia de más de dos mil persona a esta primera tanda de cine en Cuba, destacando el entusiasmo del público y su asombro por el realismo de las escenas[3]


 Así comenta un periodista de la época: “El cinematógrafo ha vencido al kinescopio y a todos los demás inventos de su clase (…) es la fotografía y la mecánica, en consorcio íntimo, produciendo sorpresas grandiosas.[4]


 El 31 de enero ya se anunciaban diez cortos cinematográficos añadiendo “Desfile de lanceros de la reina de España”, “Un duelo a pistola” y “Carga de los rurales en México”, estas dos últimas cintas filmadas en México durante la permanencia en aquel país de los representantes de los Lumiere.[5]


 El 14 de febrero de 1897 se anuncia por primera vez en las páginas de la prensa habanera el Vitascopio de Edinson con el que se hicieron las primeras presentaciones en la acera del Lovre.[6]


 Desde la primera presentación del cinematógrafo en enero de 1897, se produce una expansión rápida por la ciudad de La Habana, el teatro Irijoa (Actual Teatro Martí) fue el primero en  utilizarse para la proyección de películas, abril de 1897, utilizando junto con la proyección silente, música de acompañamiento emitida por un fonógrafo. El 21 de abril ya el teatro Alhambra adopta la decisión de exhibir películas, a fines de abril la sala “Panorama Soler” que exhibía vistas fijas, pasa a  presentar películas. En mayo Veyre logra un contrato para simultanear el cine con las funciones de teatro en el Pairet y en agosto los empresarios Ubago, Arnautó y Luna alquilan el local que había tenido originalmente Veyre, al lado del teatro Tacón para proyectar películas. [7]


 “El cine se asienta definitivamente en Cuba, bien en patente Edinson o Lumiere. Desde ese momento comenzó una competencia desleal por los precios, su  proliferación (en abril son ya cinco los cines que funcionan diariamente) (…) La crítica comprendió ahora el nuevo fenómeno que surgía incontenible y afirmó con justicia “Porque eso es el Cinematógrafo: la vida misma”[8]


 El 15 de diciembre de 1897 se abre en el Paseo del Prado la primera sala de cinematógrafo en Cuba y poco después se construye el primer local especial para proyectar cine,  el Salón Floridora, después Alaska, en la esquina de Calzada del Cerro y Palatino, La Habana.


 En 1898 ya el cine se presenta entre los espectáculo de La Habana, en competencia con el teatro bufo, el circo y las variedades. Las películas exhibidas en Cuba eran del sistema Edinson y Lumiere y entablaron desde sus inicios una competencia por el público que hizo rebajar los precios y hasta que el teatro Pairet presentara un espectáculo combinado de cine y teatro. Con la llegada del siglo XX el cine era una realidad al menos en La Habana.


 El actor José E. Casasús trajo de México en 1899 el primer equipo de proyección marca Pathé Fréres con el que realizó numerosas giras por el interior del país llevando el cine al resto de la Isla, para ello se valió de otra novedad, una planta eléctrica portátil que acompañaba el proyector.


La primera película filmada en Cuba se rodó el 7 de febrero de 1897 por el mismo Gabriel Veyre representante de la “Maison Lumiere”. Era apenas un cortometraje se sesenta segundo y se llamó “Simulacro de un incendio”, a petición de la actriz María Tubau.


 A Casasús se le debe la segunda filmación hecha en Cuba, realizada en 1898, se trata de un corto publicitario, “El Brujo desaparecido”; un anuncio encargado por la cervecera “La Tropical” y en el que aparece el propio Casasús en el papel de brujo desapareciendo para ir a tomar cerveza.


 En cine, como espectáculo, ya estaba en Cuba y no tardaría en iniciarse las primeras filmaciones en el país.


 A partir de 1906 la cinematografía silente comienza desarrollarse en Cuba de forma regular, animada por un director, Enrique Díaz Quesada y la Compañía Santos y Artigas que se convierte en la principal productora del cine silente en Cuba.


[1] La primera proyección del cinematógrafo se produjo el 28 de diciembre de 1895 en París.
[2]  Raúl Rodríguez: El cine silente en Cuba, pág. 42. La Habana 1992
[3] Ídem: pág. 29
[4] Enrique Fontanils citado por Raúl Rodríguez en “El Cine silente en Cuba”, pág. 30.
[5] Ídem: pp.30-31
[6] Ídem: pág. 33
[7] Ídem: pp.34.35
[8]  Rine Leal: La Selva Oscura Tomo II: pág.419. La habana, 1982