lunes, 26 de agosto de 2019

LA DECADA CRÍTICA EN LA HISTORIA DE CUBA, PROTAGONISMO JUVENIL




La década del veinte del siglo XX en Cuba es conocida por los historiadores como la “Década Crítica”, por el cúmulo de acontecimientos que se sucedieron en ella y por el protagonismo que fueron ocupando las fuerzas sociales, hasta ahora marginadas o indiferentes ante el fenómeno de la política nacional, en manos de un grupo de “Generales Y Doctores”, que secuestraron prácticamente   aquella república castrada y modelada por los Estados Unidos para servir sus intereses, dejando a esta “casta” el gobierno de la misma, que significaba ante todo el erario público, como fuente de riqueza y corrupción, todo esto comenzó a cambiar en esta década con el protagonismo de una nueva generación, sin complejos de culpa y sí dispuesta a cambiar aquella situación vergonzosa.

 Con el inicio de la Primera Guerra Mundial se produce una demanda muy alta de productos alimenticios y otros insumos, entre ellos el azúcar que mediante una gran especulación alcanzó altísimos precios en poco tiempo, este repunte de los precios del azúcar repercutió en la economía monoproductora de Cuba y provocó un auge de las inversiones y un alza en la producción de este producto. Las grandes ganancias de todo lo que tenía que ver con la producción azucarera trajo  un período de bonanza económica conocido como “danza  de los millones ” o período de las "vacas gordas ” que tuvo su drástico fin al término de la guerra 11 de noviembre de 1918, y la brusca caída de los precios del azúcar lo que originó la crisis de 1920-1921, cuyos efectos inmediatos fueron la quiebra bancaria y la ruina de los propietarios nacionales en beneficio de los financistas de Estados Unidos, pero que se hizo sentir con más fuerza en los sectores humildes de la sociedad cubana que perdieron el sustento de sus familias en un duro período económico conocido como "de las vacas flacas".

 El desarrollo de la crisis coincide con la llegada al poder del presidente Alfredo Zayas, y con el protagonismo de nuevas fuerza políticas y sociales conformadas principalmente por los jóvenes, desinhibidos del derrotismo y la frustración de las fuerzas que habían hecho la guerra independentistas o aquellos que de una forma u otra habían estado por la independencia real y renovaban su compromiso junto a las fuerzas nuevas en este proceso conocido en nuestra historia como el “despertar de la conciencia nacional” frente a las poderosas fuerzas de la oligarquía nacional entreguista y los monopolios extranjeros, principalmente norteamericanos.

 En diciembre de 1922, a la luz de las reformas universitarias que están produciéndose en América Latina y como parte de los nuevos tiempos que vive el país,  el joven estudiante de derecho Julio Antonio Mella funda la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y pasa a destacarse como líder de esa generación al encabezar en enero de 1923 la huelga estudiantil que ocupa la Universidad de la Habana y  obliga al gobierno de Zayas a crear la  Asamblea Universitaria, integrada por 30 profesores, 30 graduados y 30 estudiantes, facultada para elegir al Rector, modificar los estatutos y los planes de estudios del alto centro docente al tiempo que reconoce la personalidad jurídica de la FEU.

  Julio Antonio Mella McFarland (1903-1929) matricula a los 19 años en la Universidad de La Habana como alumno de Derecho y Filosofía y Letras, sobresaliendo por sus dotes de líder y en las prácticas estudiantiles. En 1922 participa en una manifestación contra la Enmienda Platt, destacándose por sus posiciones martianas y antiimperialistas, así como una rápida identificación con el movimiento obrero.

 Es el líder de los estudiantes universitarios y creador de su organización la FEU, del Congreso Nacional de Estudiantes y de las luchas por la Reforma Universitaria. Mella fundó, además, el Ateneo José Martí -dedicado a estudiar la obra del Maestro- y la Universidad Popular José Martí -para trabajadores-, las revistas "Alma Mater" y "Juventud", así como el Grupo Renovación de estudios marxistas. Durante 1924 crea la Federación Anticlerical de Cuba y el periódico "El Libertador" y en julio de 1925, la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas y el Instituto Politécnico Ariel.

 La “Protesta de los Trece”[1], encabezada por Rubén Martínez Villena, tuvo por móvil el rechazo a la corrupción gubernamental, algo que era consuetudinario a todos los gobiernos de la República después de la segunda intervención. La escena política republicana sólo había contado hasta el momento con caudillos y políticos corruptos, un pequeño grupo de patriotas en oposición crítica y un incipiente movimiento obrero, así como diversas formas de protesta desde huelgas, sublevaciones, hasta el bandidismo.  Este viril acto de rechazo a la corrupción estatal la encabezan un grupo de intelectuales jóvenes que luego formarían la base del “grupo minorista” que encabezó estos enfrentamientos contra la corrupción y por la dignificación de la sociedad y sus instituciones, con un amplio temario y con influencia en amplios sectores de la sociedad cubana. Esto contribuyó al desarrollo de una tendencia independentista de inspiración martiana y más tarde antimperialista.

 Dos hechos trascendentes ocurren en 1925: del 2 al 7 de agosto nace la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el día 16 del mismo año, el Partido Comunista fundado por Mella y el socialista Carlos Baliño, entre otros, que pronto es ilegalizado, procesados sus líderes y perseguidos sus integrantes.

 Del 2 al 6 de agosto de 1925 se reúne en la ciudad de Camaguey el congreso obrero que acordó la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), la cual agrupó en forma unitaria a los representantes más honestos de las organizaciones sindicales de diferentes ideologías del país. Asistieron 160 delegados de 128 organizaciones. Su convocatoria fue impulsada en mayor medida por la Federación Obrera de La Habana, encabezada por Alfredo López, que había constituido en 1921 un primer paso de unidad al agrupar a unas 29 organizaciones.

 Alfredo López (1894-1926) era un obrero tipográfico nacido en Sagua la Grande y que desarrolló una activa vida en las organizaciones sindicales de la época, se inició en la Asociación de Tipógrafos y fue un factor importante en la creación en la Federación Obrera de La Habana (1921) y luego en la creación de la CNOC. Su identificación ideológica con el anarcosindicalismo no le impide simpatizar con las ideas socialistas y antiimperialistas que se gestaban en Cuba en esos momentos. Desde 1923 conoce y colabora con Julio Antonio Mella.


[1] El 18 de marzo de 1923 un grupo de trece jóvenes intelectuales cubanos realizan una protesta pública por la fraudulenta compra del Convento de Santa Clara por el gobierno de Alfredo Zayas en poco más del doble de su costo en una operación  clara de desfalco al fisco  de Cuba, por primera vez un hecho de esta envergadura era repudiado por ilegal por un grupo desconocido de jóvenes en nombre de la dignidad de la sociedad cubana. Al día siguiente estos jóvenes firmaron un manifiesto que dieron a conocer en la prensa en el que aparecía los protagonistas: Rubén Martínez Villena, José Antonio Fernández de Castro, Calixto Masó, Félix Lizaso, Alberto Lamar Schweyer, Francisco Ichaso, Luis Gómez Wangüemert, Juan Marinello Vidaurreta, José Z. Tallet, José Manuel Acosta, Primitivo Cordero Leyva, Jorge Mañach y J.L. García Pedrosa.

viernes, 23 de agosto de 2019

UN LUGAR DE LA HABANA VIEJA





Este lugar me resulta entrañable porque hace veinte años sin faltar un día, llego hasta esta casita de fachada amarilla y ventanales azules para ocuparme del más hermoso de los oficios, cuidar la historia, trasmitirla apegado a la verdad, conversar con los que llegan desde todas parte de esta isla de Cuba y desde este mundo que cada día se nos hace más pequeño.
 Esta casita es una metáfora, en ella se resume el inicio de un hombre imprescindible para todos los cubanos, la figura  de la que hablan los libros, los estudiosos y los políticos, este que desde niño fue predestinado a ser conductor de pueblo, no por un don entregado por los dioses, sino por esa entrega al ser humano como causa principal, sin chovinismos, primero entre los suyos, esa familia fecunda y nutriente que le fue dada, después con su pueblo; entre los suyos, sufriendo las injusticias  de cada esquina, aprendiendo de cada hombre o mujer que entró en su vida, aunque solo fuera para saludarlo.
 Este hombre político, fue poeta y soñó un mundo mejor y la humanidad por patria, sin olvidar que había nacido en una isla verde demasiado cerca de los gélidos egoísmos que se concentraban al norte, ese es José Martí, mi oficio es cuidar la casa donde nació,   esa que todos en Cuba saben dónde está, esa sencilla pieza de entramado urbano, en un bello rincón de La Habana colonial, rodeada de gente que vive y sueña y que meridianamente es un resumen de Cuba y su historia.
 El próximo 28 de enero de 2020, junto a la tradicional celebración por el nacimiento del Héroe, esta “casita de pueblo” cumplirá sus 95 años como museo y lugar de peregrinación al que llegan “tirios y troyanos”, para salir todos conmovidos con la sencillez de la grandeza de nuestro Apóstol, José Martí











jueves, 22 de agosto de 2019

LA NOVELA “RAMONA”, UNA TRADUCCIÓN DE JOSÉ MARTÍ




Una de las fuentes de ingresos de José Martí durante el tiempo que vivió en Nueva York fue la traducción al español de diversos libros cuyos originales estaban en francés o inglés. Dominaba ambos idiomas y por eso podía hacer excelentes trabajos de interpretación y traducción que le ayudaron a vivir y mantener a su familia. Tenía su concepción de la traducción, y aconsejaba a quien emprendía esta importante  labor, que tratara de ir a las ideas básicas de lo que estaba escrito en el idioma original y las trasladaran de forma que el lector en otra lengua llegara a la esencia de las ideas del autor traducido.

 Uno de estos libros que el tradujo fue la novela “Ramona” de la escritora Helen Hunt Jackson (1830-1885), novelista norteamericana que  gozó de su amistad y a la que apreciaba en mucho por esa noble manera de acercarse a los temas populares y al dolor de los más humildes. Fue una activista a favor de los aborígenes norteamericanos sometidos a la expropiación de sus tierras por el colono blanco, principalmente los que vivían en el territorio que los Estados Unidos habían arrebatado a México.

 La novela “Ramona” es un acercamiento muy romántico pero verídico a las penas del indio mexicano en las tierras que habían sido ocupadas por los norteamericanos, escrita con mucho amor y con la intención de que el pueblo de los Estados Unidos supiera los desmanes que se cometían con esos otros seres humanos que habitaban esa nación, aún antes de la llegada del hombre blanco.

 El argumento narra los amores de una mestiza de india y blanco (Ramona) y un indio llamado Alejandro, asesinado por colonos norteamericanos al quererlo desalojar de sus tierras.  Este hermoso y trágico amor conmovió a Martí quien quiso que en América Latina se supiera de las condiciones de vida de los pobladores autóctonos ante la ocupación yanqui. Era una alerta a lo que podía pasar si ellos se apoderaban de nuestras tierras. Por eso puso tanto amor y ternura en la traducción, a tal punto que los especialistas sostienen el criterio de que la novela “Ramona”, es mejor novela en español, que en su idioma original.

 En julio de 1888 aparece la edición en español de la obra, costeada por el propio José Martí, quien en 1889 hizo una segunda edición de la misma, eran intentos de crear una editora de libros necesarios para los pueblos hispanoamericanos y que no pudo lograr por sus escasos fondos y su compromiso político con la Cuba colonizada.