viernes, 16 de febrero de 2018

PERUCHO FIGUEREDO EN TODAS PARTES







 Perucho Figueredo está en todas partes, porque su legado mayor a esta nación fue su himno, mezcla de canto de guerra y tonada de rebeldía de un pueblo mestizo que muy temprano se dio cuenta que su mundo era otro, que no era casualidad la alegría de la gente nacida en esta isla, dicharachera y ocurrente pero determinada a ser ellos mismos en el concierto de naciones que ya había brotado en América.
 Pedro Figueredo nació en la ciudad de Bayamo, la segunda villa fundada por los conquistadores españoles y marcada por la “Luz de Yara” esa hermosa leyenda de la presencia del indio Hatuey, el primer mártir de nuestra luchas por la independencia; ese Bayamo contrabandista y cubanísimo que desde los siglos fundadores marcó la diferencia en la sociedad cubana en formación.
 Figueredo abogado, intelectual influyente en su terruño, masón y conspirador fue el resumen de los anhelos separatistas de nuestra isla, el resumidor de estos sueños en este canto hermoso y combativo que es nuestro Himno Nacional, rodeado de la mística popular y a cuyos acordes millones de cubanos han disfrutado sus victorias, llorados sus muertos y expresado la convicción suprema que él escribió y por la que murió: “MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR

miércoles, 14 de febrero de 2018

LA ÉTICA EN MARTÍ




Resulta muy de actualidad hablar de ética en  Cuba, cuando la Revolución ha emprendido un camino de reencuentro con los mejores valores del hombre; relegado por sus necesidades del diario y a veces, no pocas, potenciadas a primer plano y propiciando la aparición de ese concepto que todos conocemos como “doble moral” o ese otro de, “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”.
Para dejar bien  claro de lo que estamos hablando acudamos a la definición de la palabra ética:
Ética. adjetivo. Conforme a la moral.  Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.
 En el aniversario 165 del natalicio de José Martí hemos decidido hablar de este hombre para resaltar  no solo lo que dijo sobre la ética, sino su modo  de vivir, que constituye un ejemplo de cómo enfrentar la vida bajo principios morales de eticidad.
 Nacido en el seno de una familia humilde, creció  bajo los valores de honestidad, honradez, apego a la verdad, amor al trabajo, respeto a sus mayores, obediencia y colaboración con los de más, normas ética que en conjunto conformaban lo que en nuestra sociedad llamamos una persona decente, que honra ante todo a su familia y se prepara para cumplir su misión social.
 Su familia numerosa, pasó muchas estrecheses económicas pero en su seno prevaleció el principio de mantenerse con la manera honrada de  ganar el sustento. Su padre, funcionario público, en una época en que fue muy común que estos vendieran sus favores a quien podía pagarlos, tuvo muchas dificultades con sus superiores por las quejas de quienes no podían sobornarlo. Baste el ejemplo de su actuación en Caimito de Hanábana, cuando interceptó un alijo ilegal de esclavos y fue destituido de su cargo, a pesar de que actuaba bajo los principios de la Ley colonial.

 Aún niño, pudo contemplar el triste espectáculo de la esclavitud, enseñoreada en Cuba, como cruel anacronismo que no entendía dados sus cortos años, pero que no dejaron de  estremecerlo de dolor y repulsa, al punto de sellar para consigo el compromiso de combatir aquella bárbara práctica que sometía a seres semejante a la condición de animales de trabajo a los que se podía negar todos los derechos.
 Adolescente, llega a la escuela de Rafael María de Mendive y junto a él incorpora un nuevo sentimiento más elevado de comprensión y amor social, el sentido de pertenencia a una comunidad identitaria que pugna por ser libre para alcanzar sus objetivos propios, negados por su metrópoli. Nace así su amor a la patria, a su pueblo, su identificación con sus anhelos, y sin negar sus bases éticas, crece, ahora como patriota.
 José Martí paga muy caro su lealtad a sus principios éticos, y no hablamos de un adulto, sino de un jovencito en la flor de la vida.
 Los jóvenes deben acercarse a este Martí. El que tuvo la edad de ustedes, vuestras dudas y temores, sueños y convicciones, pero creció sobre ellas y con ellas para convertirse en la persona que fue y  es, producto de su perfeccionamiento personal, logrado en la interacción con su tiempo y la sociedad, representada por la familia, los amigos, condiscípulos, maestros y también por el gobierno colonial y los enemigos de su causa.
 El mismo que a los quince años era conciente del compromiso con su país; a los dieciséis publica los primeros trabajos políticos y es detenido; a los diecisiete se enfrenta al tribunal militar y defiende el derecho de Cuba a la independencia, por lo que es condenado a prisión y trabajo forzado; a los diecinueve escribe en la misma España, El Presidio Político en Cuba y a los veinte le exige al gobierno republicano español que le concedan a Cuba los mismos derechos de libertad que ellos quieren para España.
 Como ven no tuvo que esperar a madurar biológicamente para  comprender cuál era su lugar en su tiempo, sino que calladamente cumplió con esos deberes que le marcaron su ética individual y social, que para Martí no iban disociada sino unida en un todo.
  Respondiendo a esos principios morales emprendió lo que siempre consideró era su primero y más importante deber, contribuir al mejoramiento humano y ese principio pasaba por la independencia de Cuba, el desarrollo cultural del hombre, la dignificación de los pueblos latinoamericanos, el vencimiento de los peligros de anexión y sometimiento a los Estados Unidos, la condena a todo tipo de discriminación o coacción moral al hombre y el desarrollo de la bondad como sentimiento mayor humano.
 “Ser bueno” era su paradigma ético para la formación de las nuevas generaciones, lo reitera en sus conversaciones con los niños desde las páginas de su revista “La Edad de Oro”, el niño cortés, humano, solidario, como diríamos hoy, es la base del ser humano que será mañana y junto a esto una preocupación  constante por el estudio, la superación en todos los sentidos y no solo en la adquisición de títulos, sino para su crecimiento espiritual, el cultivo de la sensibilidad para lo estético, junto a lo ético.
 Lo bello como categoría no solo estética, sino ética, cultivando la capacidad de ver lo bello aún en lo aparentemente feo, vivir en busca de lo hermoso y llegar a fundir de tal modo lo ético y lo estético, que cuando falte uno de ellos en el otro tengamos la sensibilidad de notarlo y luchar por corregirlo.
 Hombre integral, Martí no emprendió nada sin que estuvieran presente sus principios éticos, tanto en su labor cultural, como política.
 En lo cultural, sabemos que cultivó la poesía, la prosa reflexiva, la traducción, la oratoria y la enseñanza en sentido general y en todo su obra procuró desarrollar la utilidad de la virtud, es decir, nada vano, nada superfluo, ni aún en el entretenimiento, por lo que fue creando un paradigma de enseñanza, que no envejece.
 En lo político, no fue Martí de los que pensaba que el fin justificaba los medios, no podían conseguirse fines elevados, si estos estaban basados en la coacción de la libertad del hombre, en la postergación de principios para facilitar objetivos o alianzas, si no se apelaba a la ética social basada en la unidad de propósitos o trasparencia en el logro de metas.
 El pensamiento de Martí está basado en la nobleza de ese fin,  alcanzar una República ... con todos y para el bien de todos, de reconocer a la humanidad como patria del hombre; la convicción de que un principios justo es muy poderoso y que solo basado en la ética el hombre crece y es humano.
 ¿No son acaso estas ideas las que guían a la Revolución Cubana?, Si, lo son, pero la Revolución, la sociedad, lo somos todo y no se puede pretender  llevar la moral como piel de camaleón que cambia según las circunstancias, Martí con su vida breve, telúrica y ejemplar nos da la pauta de lo que debemos ser.

martes, 13 de febrero de 2018

MARTI SIEMPRE CONVOCA





 El Joven Martí, autor José Caravía

Martí es un gran apoyo moral a la sociedad cubana actual, en primer lugar por su modo de entender la sociedad como una comunidad de intereses comunes que debemos cuidar y defender con inteligencia y paciencia, pero siempre con la disposición de defenderla con todo, incluyendo la violencia legítima del que defiende lo suyo (lo nuestro).
 Un hombre que creció intelectualmente cuando el capitalismo mostraba cuánto de egoísmo había en poner las ambiciones humanas en primer plano, sin tener en cuenta que como seres sociales formamos parte de un todo llamado Humanidad.
 Así hay que enseñarlo, ponérselo delante a los jóvenes, no solo como el doctrinario  al que acudimos en momento de inflamada coyuntura ideológica, sino como el compañero de viaje, como tantos otros, que hicieron de su vida y sus palabras el modelo a partir del cual construirnos a nosotros mismos.
 Los modelos de hombres son paradigmáticos y los políticos le despojan de toda la humanidad “superflua” para dárnoslo como dioses o “elegidos”, esos que admiramos pero que no son exactamente nosotros…recordar: cada ser humano es único y se parecerá tanto a su sociedad como esta sea capaz de incorporarlo, motivarlo y hacerlo crecer en un nosotros verdadero, pero si perdura en los “personajillos” el precepto de, “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, sentaremos las bases de un hipócrita que esconderá su espiritualidad y no le encontrará  forma de  crecer y hacerlo realmente humano, ojo, no hablo de recetas, hablo de crecer  entre humanos, en familia, en pareja, como socios, amigos, conciudadanos y también como patriotas que tenga a toda la Humanidad  como patria, ahí está Martí, ese es el hombre.